Zalacaín el aventurero (Reseña)

Tengo una cuenta pendiente con muchos de los autores españoles más clásicos que me voy quitando poco a poco. No sólo por el valor, tanto histórico como literario, que encierran estos libros, sino por la estupenda forma que tienen muchos de ellos de mostrar y reflejar periodos de nuestra historia y la forma de ser de sus gentes. Esto, claro está, no es algo que se pueda tomar de la manera más literal posible (cada autor crea sus personajes a su manera), pero a grandes rasgos, nos ayuda a formar una pintura cada vez más completa.

Y aunque poco tiene que ver esta introducción con nada, me ha venido a la cabeza pensando en el libro al que se dedica la reseña de hoy. Zalacaín el aventurero es la historia de uno de estos personajes que, más allá de su propia figura, sirven para ilustrar aquello que les rodea, sus gentes y costumbres. Martín de Zalacaín, que es como se llama nuestro protagonista, ya ha nacido cuando comienza este libro y no ha muerto a día de hoy. Su historia, narrada por Pío Baroja, es la de un joven crecido en el pueblo vasco de Urbía. Hijo de campesinos, y ligado a los señoritos del lugar de tantas formas como es posible, la vida de nuestro Zalacaín (y su carácter en igual medida) le llevará a conocer el mundo que se extiende a su alrededor desde pronta edad. Porque Martín es una de esas personas que no pueden conformarse y, ya desde joven, deja claro que su vida será mucho más interesante que la de la mayoría.

Con esta historía, que no creo que necesite más explicaciones (salvo quizás que su desarrollo tiene lugar en torno a 1865) Pío Baroja trajo al mundo un personaje singular, que permitía centrar el foco en un tipo de gente que estaba abandonada en la literatura como son los desposeídos (si habéis leído el libro entenderéis el doble sentido) y en el mundo que a estos rodea. Zalacaín, en el fondo, no es más que otra persona cualquiera, pero su personalidad inquieta le lleva a recorrer mundo, a vivir aventuras, y a través de sus ojos conoceremos el carácter de estos vascos, a sus gentes, su forma de vivir y comunicarse, la guerra… Porque la de Zalacaín podría ser una gran historia en cualquier época, pero no por azar fue escogido este periodo para narrar sus aventuras.

La novela está dividida en tres partes a través de las cuales conocemos distintos periodos de la vida de nuestro intrépido protagonista, y que nos llevan de mano de su autor a conocer personajes destacados de todos los aspectos y categorías que su autor consideró necesarios. Baroja consigue en su texto un estilo fluido, que produce una lectura rápida, y que la historia avance sin que te des cuenta. Esto no excluye que escriba de manera precisa, indicando lo necesario para que quien lo lea se sienta transportado a un paisaje y un tiempo que no tiene por qué conocer, llegando a parecer en ocasiones que el estilo de Baroja es casi simplista a pesar de lo preciso que resulta cuando debe serlo.

Como apunte personal me ha resultado una lectura entretenida, bien pulida e interesante en varios sentidos. No la destacaría como lo mejor que he leído este año, pero posiciona a Pío Baroja como un autor al que seguir leyendo siempre que se pueda.

Nos seguiremos leyendo.

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