Poe no ha muerto (Félix Molina, 2021) Reseña

No sé si estoy en una de esas temporadas en las que me cuesta encontrar palabras para decir lo que quiero o simplemente es que me está costando escribir ésta entrada. Creo que hay un poco de cada y, la verdad, no lo entiendo, pues tengo bastante claro lo que voy a redactar. Lo primero que he de hacer es ser justo y agradecido, y darle las gracias al autor de este libro. Principalmente, porque me lo hizo llegar, como siempre, sin ningún propósito y sabiendo que cuando escribiera sobre él sería sincero y no le regalaría mis palabras (¿de verdad alguien considera que gana algo haciendo ese tipo de cosas?). Dicho esto, involucrémonos en el tema que hoy nos ha traído aquí.

Poe no ha muerto no es una frase que se repitan a menudo sus lectores (aunque puede que sí), es la idea con la que se inicia ésta novela. En ella, el archiconocido autor no descansa bajo tierra, sino que, a través de un extraño acuerdo, fingió su muerte. Ahora, soñando ser más libre de lo que es, vive en un oscuro sótano en el que sigue escribiendo sus historias para un único lector. Ese, por supuesto, no es otro que el hombre que se dice su mayor fan y que lo ayudó a escapar de la vida. Pero puede que las cosas no sean como ellos se han imaginado y la oscura mente de nuestro Poe tenga planes que no tienen cabida en el lugar que lo mantiene oculto.

La primera obra publicada (creo) de Félix Molina se adentra en un terreno peliagudo, porque traer una obra sobre un autor tan conocido, en la que no sólo narras alguna peripecia, sino que incluyes supuestos textos del nombrado escritor, me parece arriesgar mucho. Sin embargo, el autor consigue salvar el peligro y ofrece una narración interesante, en la que, casi por fascículos, un poco a la antigua usanza, se nos va introduciendo en un mundo que cuanto más conocemos, más nos intriga. El relato, por cierto, está plagado de textos de éste casi resucitado Poe. Algunos más cercanos al autor, otros menos logrados, pero que en su conjunto recuerdan a esa oscura esencia que siempre nos atrajo de él. Y esto, personalmente, es lo que más me ha gustado del libro. Porque intentar imitar a Edgar Allan Poe es entre complicadísimo e imposible, pero homenajearlo, acercar ese cariño por él al público es otra cosa. Y aquí la novela de Félix Molina ha funcionado a la perfección; llevándome de regreso a esos relatos que leí años atrás, haciendo que mi cuerpo me pidiera volver a Poe. Y no puedo dejar de pensar que esa es la misión de un libro como este, hacer que queramos recuperar al auténtico Poe, a leerlo y disfrutar de sus textos.

Por contra, en esta lectura me he encontrado con un autor que me ha ofrecido una novela con un estilo muy relatista y, francamente, no siendo un gran amigo de esos autores que se pierden en las descripciones, me ha faltado un poco más de esa novelística. Puede que simplemente sea que se me ha hecho demasiado corta, pero creo que es uno de esos textos que me hubiese gustado se hubieran extendido 100 páginas más. No hacia delante, sino ensanchando su contenido.

Por lo demás es una lectura que he disfrutado. Repleta, de principio a fin, de un cariño palpable hacia el autor y que, me parece, recuperará en aquellos lectores que menos lo conozcan la curiosidad por el escritor responsable de obras como El gato negro, El corazón delator o (para quien no lo sepa) el primer gran detective de la literatura, Monsieur Dupin.

Nos seguiremos leyendo.

Poe no ha muerto (Félix Molina, 2021) Reseña

El caso de los anónimos (Agatha Christie, 1943) Reseña

La primera vez que leí a esta autora era bastante joven, pero aun así recuerdo aquellas primeras lecturas, posiblemente, mi internamiento en el misterio y el crimen. Aquellos clásicos Asesinato en el Orient Express, Diez negritos (mi edición se llamaba Y no quedó ninguno), Las manzanas… Recuerdo que la leí (dentro de lo poco que leía por aquella época) hasta hartarme. No estoy seguro si fueron demasiadas lecturas para mí, o que un par de «chascos» coincidieron uno detrás de otro, pero el algún momento decidí que no quería saber más de ella ni de sus libros. Y mantuve esa actitud durante años, incluso cuando me regalaron un montón de volúmenes de nuestra autora en cuestión. Pero finalmente, sin motivo que yo pueda recordar, volví a acompañar mis lecturas con sus novelas y, hasta hoy, sigo con ellas. Leyendo cada una de las misteriosas aventuras que en mi estantería aguardan en el orden (más o menos) en que se publicaron. Y hoy, traigo una nueva reseña de una de estas narraciones de esta reina del misterio.

El caso de los anónimos no es, al menos en apariencia, una de esas clásicas obras de la autora. Lejos de tener al frente de la misma a uno de sus grandes personajes (véase Poirot, Miss Marple, etc.), en esta novela seguiremos a los hermanos Burton hasta la tranquila localidad de Lymstock, un pequeño pueblo en el que Jerry Burton trata de descansar para reponerse de un accidente. Sin embargo, se da la circunstancia de que poco después de su llegada reciben un mensaje anónimo acusándoles de manera horrible. Pronto descubrirán que esta carta no ha sido una gamberrada puntual, sino que todo el pueblo recibe misivas similares desde hace tiempo. Quién sabe, puede que lo que parece una desagradable grosería se convierta en un preocupante crimen que haya que investigar.

Esta es una de esas novelas de Agatha Christie que me resultan llamativas. Principalmente porque, de vez en cuando, la autora se aleja (sólo un poco) de sus clásicas historias y nos ofrece lecturas como ésta. Sí, no es que se haya ido a otro género, pero la forma en la que se desarrolla el grueso de la trama no es la típica que ella suele utilizar. Así que, manteniendo sus habituales características tanto en la escritura como en el estilo, la escritora nos ofrece una lectura menos centrada en lo detectivesco y más en sus personajes, en crear esa intriga y misterio que, por momentos, casi parece que sólo el lector quiere resolver.

Y sí, claro que esta novela se lee, bien, como –creo– todas las de Agatha Christie. Que deje un pequeño margen entre su particular manera de hacer las cosas no quiere decir que no lo haga como siempre. Eso sí, también podemos encontrar entre sus páginas algunas de esas cosas que no me suele gustar como trata la autora. Quiero decir, por supuesto, las relaciones románticas (al menos esta vez el lector puede entender por donde viene o va el asunto, no como en otras de sus narraciones). Por lo demás, y sin ser ésta una de las mejores novelas de la escritora británica, nos hallamos ante otra aventura perfecta para aquellos que disfrutan con el misterio, la tensión y todas las frecuentes particularidades que Agatha acostumbra a dejar en sus libros.

Diría que no tengo mucho más que añadir al respecto, sólo que, si queréis disfrutar íntegramente la lectura de El caso de los anónimos, os ahorréis buscar cualquier –y quiero decir cualquier– información sobre la novela más allá de la que aquí os he ofrecido.

Nos seguiremos leyendo.

El caso de los anónimos (Agatha Christie, 1943) Reseña

Jadzhí Murat (Lev Tolstói, 1912) Reseña

Con esta lectura completo un volumen que, no hace mucho, dejé a medias. Si ya traje por aquí mi reseña de La muerte de Iván Ilich, hoy cerramos el libro que contenía estas dos lecturas juntas. Supongo que únicamente lo hicieron por darle algo más de volumen al tomo, pues ambas historias son, en realidad, novelas cortas (muy cortas) o relatos, y este formato hace que se vean algo más accesibles. Sea como sea, lo importante es que volvemos a encontrarnos, una vez más, con uno de esos autores a los que todo lector que se precie debe descubrir en algún momento. Personalmente, creo que por ahora no he leído más de cuatro o cinco de sus obras, pero veo complicado que no vaya, poco a poco, tachando el resto de sus textos de mi lista de lecturas pendientes.

Jadzhí Murat (o Hadji Murad entre otras formas) toma el nombre y algunas de las experiencias de su protagonista para adentrarnos en la guerra del Cáucaso. En este periodo, que arranca con el paso de Jadzhí Murat al bando ruso que tanto lo ha perseguido, éste y sus hombres se encontrarán totalmente limitados, pues los rusos no tienen la confianza suficiente para permitir al montañés llevar a cabo sus planes. Este contexto nos servirá para conocer cómo era la vida en ambos lados del conflicto y nos ofrece una espectacular contraposición entre los distintos elementos que forman este paisaje.

Esta es —que yo sepa— la última obra publicada de Lev Tolstói. En ella, el escritor ruso vuelve a hacer gala del característico estilo con el que, en apenas unas líneas, consigue dotar de una personalidad completa —y en muchos casos compleja— a prácticamente todos los personajes que aparecen en este texto. La obra comienza con un breve preludio en el que el autor se plantea ésta historia a raíz de un hecho tan nimio como pueda ser el ver un cardo que ha sobrevivido a la siega de la cosecha. A partir de ese punto se nos traslada a un mundo que la mayoría ha olvidado o no llegó a conocer. Pero Tolstói sí lo conoció, y aquí deja una pequeña parte de esa historia para que, de alguna forma, no se pierda del todo.

Que Jadzhí Murat, como cualquier otra obra del autor (las que yo he leído al menos), se lee con un esfuerzo prácticamente inexistente, es no decir nada. En este caso, y aunque no se considera ésta una de sus grandes obras, podemos encontrar una interesante manera de enfrentar el texto, pues prácticamente todos sus elementos están enfrentados, pero de un modo que hace que estos remen en una misma dirección. Así, creo que todos los personajes tienen un antagonista, las escenas de acción se contraponen a aquellas en las que destaca la calma más contemplativa y las dudas de unos se oponen a la firmeza del contrario. Toda la novela está llena de estas pequeñas dualidades que, unidas al elemento histórico y a la mágica pluma de su autor, hacen de esta una novela mucho más interesante de lo que parece a simple vista.

Podría terminar hablando de sus personajes, o lo precioso y preciso que me parece (como ya me pasó con La muerte de Iván Ilich) el prefacio que precede a la historia. Pero creo que todo lo que pueda añadir no va a aportar nada, al menos, de la forma en que ahora lo haría. Así que terminaré como se suelen terminar este tipo de entradas: recomendando a quien aún no conozca la obra de nuestro Lev Tolstói que se deje arrastrar a ella. Ya sea en cuentos, como los de Sebastopol; en novelas cortas ,como ésta o la ya citada La muerte de Iván Ilich; o con sus más grandes e inalcanzables obras, como pueda ser la fascinante Anna Karenina.

Nos seguiremos leyendo.

Jadzhí Murat (Lev Tolstói, 1912) Reseña

La trilogía de Nueva York (Paul Auster, 1987) Reseña

El de hoy es uno de esos autores de los que, tengo la sensación, llevo oyendo hablar toda la vida. Como si siempre hubiese estado por ahí, prácticamente como si de un clásico se tratara. Supongo que esta impresión tampoco duró demasiado y, aunque el nombre era conocido, la verdad es que no estoy seguro de si en algún momento este escritor llegó a despertar realmente mi interés. Pese a todo, sí que se ganó mi curiosidad, y cuando me encontré con este ejemplar a buen precio, decidí que nuestro momento había llegado. Ya me contaréis, los lectores de este autor, si mi elección como primera lectura (de él, quiero decir) ha sido acertada o esta trilogía de relatos podría no haber sido la mejor opción. Con todo, allá vamos.

La trilogía de Nueva York incluye, como su propio nombre indica, tres relatos dentro de este mismo tomo. El primero de ellos, Ciudad de Cristal, trata sobre un escritor que, a raíz de una llamada de teléfono equivocada, se hace pasar por un supuesto detective que, para proteger a su cliente, habrá de seguir a un hombre a través de la ciudad. En Fantasmas nos encontraremos, esta vez sí, junto a Azul, un auténtico detective que será contratado para vigilar a alguien y enviar todos los movimientos de esta persona a su sospechoso contratante. La historia que cierra esta trilogía es La habitación cerrada. Una narración en la que nuestro protagonista iniciará la interminable búsqueda de su mejor amigo de la infancia, un escritor que jamás llegó a publicar nada, pero que le ha dejado la extraña misión de decidir si el trabajo de su vida debe ser conocido por el público o no.

Supongo que para mucha gente hablar de Paul Auster son palabras mayores. Personalmente, creo que tendría que leer algo más de él para poder juzgarlo con cierta justicia, pero podemos hablar de lo que aquí me he encontrado. Paul Auster sabe escribir. Eso me parece que se ve claramente en cuanto se le empieza a leer. Tiene un cierto estilo que hace que su prosa tenga personalidad, y eso, ya es más de lo que tienen otros autores. Sin embargo, tengo que admitir que no he conseguido entrar en su mundo. Sus relatos, si bien no me han disgustado, me han supuesto una extraña decepción. Quizás sólo sea yo, que no he encajado con él, o no he llegado a donde el autor pretendía, pero —salvo algunas excepciones (principalmente en La habitación cerrada)— durante la mayor parte del tiempo, tengo la sensación de que no hay nada. Las líneas se extienden y leo con una sensación de no avanzar. Una sensación que está muy bien para identificarse con el personaje, pero no siento que me aporte nada.

Hay un cierto atractivo en el reflejo interno de los personajes que busca crear, esa historia que más allá de la narración, pero, a nivel personal, no me ha calado demasiado y me ha resultado un trabajo más duro de lo que, creo, debería de haber sido.

Puede que simplemente no haya escogido la historia adecuada para descubrir a este escritor. No lo sé. Pero, si bien no ha sido una escritura de esas que me enamoran, no puedo juzgarlo con excesiva dureza. Tampoco sé el por qué de esto. Lo que sí puedo decir es que no ha sido una lectura para mí. Y más allá de se me haya hecho repetitivo y cansado (ahora le encuentro cierto encanto a esto, mira por donde), no es una de esas lecturas que le hace a uno retroceder ante ella. Quién sabe, puede que volvamos a encontrarnos en unos años y nuestra relación sea otra. Por el momento seguiremos con otras cosas.

Nos seguiremos leyendo.

La trilogía de Nueva York (Paul Auster, 1987) Reseña

Lincoln en el Bardo (George Saunders, 2017) Reseña

Tengo un enorme vacío en mi memoria que impide que recuerde cómo este libro y yo llegamos a encontrarnos. El caso es que en algún momento oí hablar de él, alguien me lo recomendó, leí algo al respecto —lo típico— y fue uno de esos libros que mi mente tenía tan claro que debía valer la pena que me daba algo de reparo leerlo y descubrir que no era así. Y soy una persona que se esfuerza por evitar tener expectativas, pero a veces no se puede controlar y es esa parte de nosotros la que decide estas cosas. Lo viese como lo viese, finalmente le llegó su tuno, y tuviera las expectativas que tuviera, no me hubiese imaginado un libro como este de ninguna forma.

Lincoln en el Bardo transcurre, principalmente, durante una noche. Una noche en la que la guerra civil ya ha comenzado, y los comentarios sobre la inutilidad de las batallas que cuestan la vida a miles de soldados comienzan a minar la figura del presidente. Pero todas estas cosas tienen poca o relativa importancia, porque ésta es la misma noche en la que, Willie, el hijo del presidente Lincoln, ha sido enterrado. Allí, en un cementerio que no le correspondería, en una tumba prestada, descansa el pequeño el pequeño, entre aquellos que ahora son sus semejantes. Porque Willie aún no se ha ido y, esta noche puede ser crucial. Así, acompañado por sus nuevos protectores, conoceremos la historia de esa noche en la que Lincoln volvió al cementerio, y muchas cosas se decidieron.

George Saunders es un autor habituado al cuento y al relato. Un escritor al que no se vio en el mundo de la novela hasta que se publicó este volumen sobre el que hoy escribo. Y parece ser que este paso era importante para él, porque no se decidió por una novela al uso. Lincoln en el Bardo se presenta como una narración llevada a cabo, por un lado, por la serie de personajes que acompañan al pequeño Willie Lincoln en esa noche única. Por otro, por una serie de «recortes» y notas tomadas de elementos, cartas o diarios de la época e, incluso, extractos de otras novelas y ensayos. Pese a lo raro que pueda sonar, Saunders logra que este arriesgado experimento (no se me ocurre otra forma de llamarlo) funcione. Y no sólo funciona, lo hace de maravilla.

El peculiar estilo escogido por su autor hace que la novela te transporte y vivamos la historia como si se tratara de una conversación que tiene lugar frente a nosotros. A través de sus páginas conoceremos y entenderemos a (probablemente) cientos de personajes. Nos trasladaremos por el tiempo más allá de lo que cabría imaginar en un principio. Nos veremos arrastrados, inevitablemente, a un mundo que juega entre lo fantástico y el realismo mágico, y todas estas increíbles cosas suceden mezclando un hecho real con una mente repleta de ideas y dispuesta a arriesgar en su propuesta.

Para ser sincero, cuando comencé a leer esta novela me quedé un poco sorprendido. Primero, porque no me esperaba para nada un estilo como el que aquí se ve. El segundo motivo fue lo rápido que me introduje en su juego y está extraña forma de narrar pasó de ser algo extraño a atraparme completamente. Y es que, además de su curiosa estructura (narrada, por cierto, como en dos campos distintos), Lincoln en el Bardo nos ofrece una novela potentísima, en la que más allá de encerrarse en su trama principal esta sirve de guía para desmenuzar varios mundos, épocas, ideas…

Una novela que recomiendo leer y, si puede ser, hacerlo sin querer saber demasiado (he intentado aquí no dar ni un detalle más de los necesarios) y estando dispuesto a encontrar cualquier cosa.

Nos seguiremos leyendo.

Lincoln en el Bardo (George Saunders, 2017) Reseña

La Isla del Tesoro (Robert Louis Stevenson, 1883) Reseña

Han pasado muchísimos años desde que añadí esta novela a mi lista de lecturas pendientes. Tantos que empezaba a pensar en ella como una de esas que, por algún motivo, siempre se van quedando rezagadas y nunca llego a ellas. Reflexionando sobre esto, me parece curioso que el motivo final de que decidiera saltarme todos mis órdenes y manías fuese una película infantil. En algún momento, no recuerdo por qué, acabé viendo El planeta del Tesoro, una adaptación de esta novela que, funciona, pero tampoco me pareció una de esas joyas de la animación por las que niños y pequeños se pueden obsesionar (aunque mola y, para su tiempo, tiene avances importantes). Sin embargo, algo había, la idea de posponer todas mis lecturas y descubrir la auténtica aventura que inspiraba la película se había instalado en mí, y finalmente, tuve que ceder ante ella. Porque cuando el cuerpo te pide un libro, por norma general, hay que hacer caso a lo que quiere.

La Isla del Tesoro comienza en El Almirante Benbow, una posada, regentada por los padres del joven Jim Hawkins, a la que un día llega un extraño marino que se hace llamar «capitán». La llegada del «capitán» trastornará la vida de todos, especialmente la de Jim. Pues, si al principio pensaban que este viejo lobo de mar oteaba el agua sintiendo el anhelo de volver a sus olas, pronto descubrirán que, más bien, teme la llegada de alguien que parece perseguirlo. Podemos dar por sentado que, la visita que espera nuestro truculento personaje tendrá lugar y que, fruto de esta situación, nuestro joven protagonista se encontrara con un misterioso paquete que contiene lo que parece ser un mapa del tesoro. Ahora, acompañado por el doctor Livesey y el caballero, se embarcará en una aventura de esas que sólo en los libros pueden suceder.

Creo que ésta es la segunda obra que leo de Robert Louis Stevenson, y poco tiene que ver con aquel Dr. Jekyll y Mr. Hyde que leí ya hace un tiempo. Poco tiene que ver, supongo, por la forma en que crea y trata a sus personajes; sin embargo, mantiene estupendamente ese estilo que me introduce en la aventura y casi me obliga a vivirla y disfrutar su narración. Y, si en este caso su novela no me ofrece un análisis tan profundo como sí lo hiciera aquella primera lectura, La Isla del tesoro tiene otros argumentos igual de fuertes para ser una lectura irresistible.

Lo primero que nos encontramos al leer este libro es una historia de aventuras de las clásicas, para ser más concretos (y esto es una obviedad) una de piratas. Pero luego empezamos a ver por qué, más allá de lo electrizante de su lectura, está obra nos gusta tanto y envejece tan bien: sus personajes. Creo que no habrá muchos lectores que no concuerden conmigo en que el personaje que, de una forma u otra, se lleva el premio gordo es Long John Silver. Y es que éste es una de esas figuras que, con relativamente pocas líneas dedicadas a ella, nos da un sujeto redondo, real y lleno de aristas. Y no es el único personaje que podemos destacar de la obra. Desde el propio Jim, hasta cualquiera de los «capitanes» que aparecen en la novela, todos tienen una función y, algunos, una personalidad increíblemente bien desarrollada para la longitud del relato.

Quiero decir con todo esto que, bien seáis lectores de este tipo de novelas, o estéis pensando en entrar en ellas, La Isla del Tesoro es un título perfecto para adentrarse en un mar de acción, repleto de personajes irrepetibles e icónicos, que es totalmente válido tanto para jóvenes como para adultos. Una de esas narraciones que te hacen creer en piratas y tesoros escondidos.

Nos seguiremos leyendo.

La Isla del Tesoro (Robert Louis Stevenson, 1883) Reseña

Hermanos de armas – Saga Vorkosigan 08 (Lois McMaster Bujold, 1989) Reseña

Desde que descubrí la ciencia ficción, como género literario, esta se convirtió en una de esas cosas que no pueden faltar entre mis lecturas habituales. Cuando descubrí la Saga Vorkosigan decidí que también se merecía un espacio propio en mi orden de lecturas y, desde entonces, siempre me hace una especial ilusión acudir a mi cita con esta saga. Creo, si no recuerdo mal, que esta reseña de hoy marca justo la mitad de las aventuras de Miles y los suyos. Desde aquí, ya estoy más cerca del final que del inicio y es una sensación agridulce ver que en algún momento (quizás este mismo año), esto terminará y otra historia (probablemente Dune, aunque aún no lo he decidido) vendrá a ocupar su lugar. Pero eso es pensar en el futuro, y este es impredecible, así que vayamos al tema que hoy nos ha traído aquí.

AVISO: Una vez más, haré todo lo que esté en mi mano por evitar todo tipo de spoilers y demás. Pero si eres de esos tiquismiquis insufribles como yo, pásate por mi reseña de Fragmentos de honor o por El aprendiz de guerrero y ve a tu librería habitual a comprar uno de ellos inmediatamente.

Hermanos de armas es la octava aventura que leo de esta saga. En esta ocasión, Miles y sus Dendarii han viajado, huyendo de una amenaza, al planeta que lo originó todo, la Tierra. Allí, tanto él como sus hombres, deberán aguardar a que las reparaciones de su equipo estén listas. Esté tiempo hace que Miles se vea obligado a recuperar su papel de Vorkosigan en la embajada Barrayaresa, pero las circunstancias harán que sus dos personalidades tengan que verse, por primera vez, en un mismo planeta. Algo que, por supuesto, podría poner en serio riesgo su tapadera. Sobre todo cuando un extraño complot parece estar llevándose a cabo y Miles descubre un par de cosas: La primera es que toda esta extraña conspiración parece gestarse en torno a él. La segunda, que los fondos con los que poder recuperar su equipo y salir del planeta no llegan, así que sus sospechas comienzan a apuntar al personal de la propia embajada de Barrayar. Quizás esta vez Miles se haya metido en una aventura de la que ni siquiera él puede escapar.

Ya he hablado unas cuantas veces de la obra de Lois McMaster Bujold, así que supongo que terminaré por repetirme, aún así, insistiré una vez más en la increíble capacidad que tiene esta mujer para hacer que sus historias resulten ágiles. Lecturas en las que, por más que su estructura y trama puedan ir complicándose, siempre logra que sepamos donde estamos y no me permiten alejarme ni un ápice de su narración.

Aunque no siempre es algo remarcable, en los últimos volúmenes que he leído de esta Saga Vorkosigan se va haciendo más palpable una tendencia a incluir ciertos elementos sociales. Quiero decir, sí, esta autora suele mezclar géneros de una forma estupenda, pero también hay un trasfondo que habla de racismo, de los peligros morales de ciertos caminos en la ciencia y de un largo etcétera de fondos que hacen de esta serie una muy interesante lectura.

Y sí, por supuesto, en esta ocasión volvemos a encontrarnos con una mezcla de ciencia ficción con otros subgéneros. Esta vez son el espionaje y la aventura los elementos que se unen para crear una trama apasionante que, por momentos, he llegado a pensar que no podría tener un final que lo salvara. Pero claro, la señora McMaster sabe lo que se hace y consigue que esta historia vaya creciendo en cada página.

En pocas palabras, nos encontramos ante otra estupenda aventura de ciencia ficción de esta saga que, con su suave estilo space opera, me tiene enganchado desde hace ocho libros y que aún no me ha decepcionado en ningún momento. Así que, por supuesto, estoy deseando completar otro ciclo y llegar a una nueva aventura de estos formidables personajes.

Nos seguiremos leyendo.

Hermanos de armas – Saga Vorkosigan 08 (Lois McMaster Bujold, 1989) Reseña

El infinito en un junco (Irene Vallejo, 2019) – Reseña

No pasa todos los días que un ensayo sobre literatura se convierta en un fenómeno de ventas. Tampoco es habitual que un superventas tenga, en general, críticas positivas de un espectro de lectores tan dispares o, simplemente, que en los tiempos en que vivimos un libro se venda de manera exitosa durante años. Todas estas podrían ser razones suficientes para encender mi curiosidad por este volumen, y, sin embargo (aunque despertaron mi curiosidad) no fue ninguna de estas el motivo por el que me decidí a leerlo. La causa final de que acabara en mis manos fue una sencilla conversación entre lectores del mismo, una conversación en la que se podía palpar el cariño por los libros y, por lo que decían, este aprecio por la palabra escrita tomaba mucha más consistencia en esta obra.

Así que por fin decidí leer El infinito en un junco, un ensayo que nos lleva de viaje a través de la historia de los libros. En este volumen su autora nos propone una premisa a priori sencilla, pero nada desdeñable: plantea como los libros se convirtieron en lo que hoy son. Y comienza su historia, no del todo lineal, en un mundo en el que los textos se encontraban en piedra y tablillas de barro, volviendo a veces la vista atrás para recordar que todo comienza con la invención de las letras e, incluso, cuáles fueron las necesidades para que estas nacieran. Esta curiosa travesía que se nos narra, en la que podremos conocer como evolucionaron los libros, resulta de lo más curioso, sabiendo que el destino se encuentra en nuestras manos y que, lo que estamos conociendo es cómo ese montón de hojas que recorremos mientras leemos llegó a ser lo que hoy es.

Para ser totalmente justos tengo que advertir que, salvo excepciones, el ensayo no es un tipo de literatura por el que me prodigue especialmente. No por nada en concreto, simplemente ha coincidido así. Aclarado esto, hablemos de la obra con la que Irene Vallejo ha alcanzado una popularidad que rara vez se gana con un tratado como este. Hay dos elementos que, a mi parecer, son de lo más destacable de esta obra (más allá del propio tema que trata, quiero decir). El primero es, sencillamente, que aunque en el texto se encuentren partes más densas y partes más livianas, Irene Vallejo consigue que en todo momento la lectura resulte agradable. Y sí, en algunos momentos pasea por la historia de una forma que parece algo tambaleante, pero, por norma general, estos vaivenes en el tiempo nos ayudan a entender cada punto de la explicación. El segundo punto por el que me parece que destaca este volumen es, sencillamente, porque nos habla de la creación de los libros desde el amor y la fascinación a estos (una o dos veces incluso me pudo parecer que se dejaba llevar demasiado por sus sentimientos). Y claro, si eres un amante de los libros leyendo un texto con tanta admiración hacia estos como hay en este tomo, es difícil no perderte entre sus páginas.

Y no estoy seguro de que éste El infinito en un junco me diera todo lo que esperaba, pero todo lo que me ha dado ha sido más que suficiente. El viaje que nos propone, ya nos sitúe en Egipto, Grecia o Roma, lo hace siempre en un contexto ideal para que cualquier aprecio por este maravilloso invento que es la literatura, brille con luz propia.

Pero tampoco me parece justo dejar que este ensayo escape sin la más mínima mancha en su historial. Si bien es cierto que este libro es una estupenda (y casi obligatoria) lectura para bibliófilos y letraheridos, hay un par de momentos, creo recordar que más o menos a la mitad del mismo, en los que la lectura se me hizo un poco más cansada. Incluso llegué a tener la sensación de que en algunas ocasiones se estaba repitiendo.

Aun con esta ínfima mácula en su haber, Irene Vallejo nos ha dejado un estupendo tomo que, estoy seguro, se seguirá situando en los estantes de los más acérrimos lectores durante mucho tiempo.

Nos seguiremos leyendo.

El infinito en un junco (Irene Vallejo, 2019) – Reseña

Maldad bajo el sol (Agatha Christie, 1941) Reseña

He podido escribir unas cuantas reseñas sobre los libros de esta escritora británica desde que, hace ya unos años, volví al blog. De hecho, esta es la tercera que escribo sobre uno de sus volúmenes este año y, aun así, me resulta sorprendente ver como siempre me quedan por delante un buen montón de novelas suyas que aún no he leído (y en mi colección ni siquiera está su obra completa…). Pero puedo, con tranquilidad, decir que ya he pasado por unas cuantas de las páginas que esta autora escribió y que, creo, voy conociendo bastante bien su estilo y sus más bien habituales prácticas.

En Maldad bajo el sol nos reencontramos con un viejo conocido, Hércules Poirot. El afamado detective belga se encuentra allí, como tantas otras veces, disfrutando de unas vacaciones. En el privado y curioso Jolly Roger no solo se hospedaba nuestro conocido protagonista, junto a él, familias y solteronas, excéntricos y acaudalados personajes formaban, al igual que él, la fauna habitual del apartado lugar. De entre ellas, era inevitable que una destacara. La actriz retirada Arlena Marshall llamaba la atención de cualquiera que la viese, especialmente la del señor Redfern, con quien cualquiera podría jurar, la actriz tenía un affair. Todos estos detalles tomarán importancia, sobre todo, cuando una mañana encuentren en una apartada playa, el cadáver de la señora Marshall y, casualmente, todos los presentes tengan una útil coartada que los proteja.

Cualquiera que haya leído una de las numerosas novelas de Agatha Christie es consciente de que, más allá de sus enrevesadas tramas, su punto fuerte es la sencillez que consigue dejar en cada párrafo. Ese don para que cualquier historia se lea de una manera extrañamente agradable y enganche de principio a fin. Por supuesto, esta novela no es una excepción, y desde sus primeras líneas su característico estilo se adueña de la narración.

Tengo que admitir que estoy un poco dividido con esta novela. Si bien no nos encontramos ante una de las obras bajas de la autora (que las tiene, y no pocas), tampoco estamos ante uno de sus mejores libros. Y sí, Maldad bajo el sol se lee muy bien, pero al terminar su lectura me quedo con la sensación de que en algún momento la escritora quiso tomar otro camino. Uno que no fue capaz de afinar o afianzar tanto como la gustaría y, finalmente, se decantó por el que podemos encontrar en su libro –aunque a lo mejor sólo son tonterías mías–. El otro factor que, si bien no le resta interés a la novela, tampoco se lo aporta, es la longitud de la misma. Sé que no es una lectura realmente larga, ni siquiera para ser de esta autora, pero creo que una obra como ésta, en ocasiones no acaba de encontrar del todo la dirección adecuada, y al final podría haber llegado al mismo punto con unas cuantas páginas menos. Todo esto, por supuesto, sin salirse del estilo y los ambages propios de la escritora inglesa.

Pero quizás me esté volviendo un poco quejica con los años y estos pequeños peros, que en realidad no restan interés a la lectura, no son más que un pedacito de los muchos que conforman una novela que, como siempre, encantará a los seguidores de Agatha Christie. Una novela en la que volvemos a topar con su personaje más popular, Hércules Poirot, y con uno de los misterios que tan célebre le hicieron. Así que sí, si eres uno de los muchísimos lectores a los que acompañan sus novelas, esta, desde luego, es para ti.

Nos seguiremos leyendo.

Maldad bajo el sol (Agatha Christie, 1941) Reseña

La muerte de Iván Ilich (Lev Tolstói, 1886) Reseña

Creo que mi interés por los grandes escritores rusos llegó incluso mucho antes de conocerlos. No estoy seguro de que sea cierto, pero tengo esa sensación de que, al igual que otros escritores clásicos traían a mi mente una sensación de cansancio (lo que hace la ignorancia…), estos me insuflaban un espíritu de grandes obras, inabarcables para alguien como yo. Posiblemente en aquel momento ni siquiera hubiese sido capaz de completar o entender la mayor parte de estas novelas. Pero con el paso del tiempo acabe llegando, primero, a Dostoyevski, más tarde a Tolstói, Chejov, Pushkin… y, si bien mis impresiones con otros autores se corrigieron con el tiempo, mi sensación sobre estos autores se mantuvo. Poco a poco, con los años, voy descubriendo la basta colección de novelas y relatos que estos inmensos escritores nos dejaron. Así, paso a paso, llegamos hasta hoy, cuando por fin tacho de mi lista una de esas obras que durante tantos años he oído nombrar sin decidirme a pasear por sus páginas.

La muerte de Iván Ilich es una novela corta que, como deja bien claro su título, nos narra la muerte de Iván Ilich, un funcionario que ha trabajado toda su vida por encontrar un buen puesto dentro del sistema de gobierno que le permita la vida con la que siempre ha soñado. Sin embargo, tras su último ascenso, y lo que podríamos llamar un golpe tonto, Iván comienza a sentir un dolor que cada vez con más frecuencia lo persigue y atormenta. Poco a poco la salud de nuestro protagonista va empeorando, y sus pensamientos comienzan a tomar distintos carices que lo llevarán a una incesante reflexión sobre su estado, su vida y, como no, su próxima muerte.

Partiendo de esta historia, Lev Tolstói nos lleva de viaje a través de la vida de este personaje y de aquellos que lo rodean, haciéndonos espectadores de un drama tanto narrativo como filosófico, en el que podremos encontrar todas las aristas posibles en cada personaje. Con su acostumbrada maestría, tanto en la narrativa como en el estudio de sus personajes y el desarrollo psicológico de estos, Tolstói nos fuerza a entrar en esta historia en la que todo es absolutamente evidente y nada resulta obvio. No. Porque todo lo que nos da (y nos lo da todo) se muestra tras esa sencilla forma de tratar los textos que el escritor ruso tenía, y aun dejándonos claro desde las primeras páginas cuál va a ser el camino, es inevitable quedarse enfrascado en él.

Pienso una vez más en ello mientras escribo estas palabras y veo toda la obra resumida a la perfección en el primer capítulo. Pero da igual. Es imposible entender la simplicidad (o quizás la complejidad) con la que nos recibe hasta que se ha terminado la novela. Una novela, por cierto, que apenas rondará las 100 páginas y que muestra el increíble talento que tanto admiro de estos escritores rusos que, posiblemente, son los responsables de que me iniciara en estos clásicos que tanto disfruto hoy en día.

Podría (no quepa duda) escribir muchísimo más sobre este relato, pero prefiero que, si no lo has leído, hagas caso de mi experiencia y le des una oportunidad a un texto tan breve como completo. Porque, si bien es imposible que el autor penetre aquí tanto en sus personajes como lo hiciera en su magnífica Anna Karenina, no menos cierto es que, con pocas palabras sigue llegando a un nivel al que muy pocos autores en la historia se han acercado.

Por cierto, que esta edición mía trae en el mismo volumen, junto a La muerte de Iván Ilich, Jadzhí Murat. Así que no creo que tardéis en volver a verlo por aquí.

Nos seguiremos leyendo.

La muerte de Iván Ilich (Lev Tolstói, 1886) Reseña