El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad, 1902)

Creo que, al menos en el mundo que me rodea, esta obra fue descubierta por la mayoría a raíz de la famosísima película de Francis Ford Coppola: Apocalypse Now. Si bien es cierto que el film mantiene algunos de los elementos del libro y, sobretodo, conserva su arco argumental adaptado a la guerra de Vietnam, pocos son los elementos comunes que realmente llegaremos a encontrar entre la obra original de Joseph Conrad y su adaptación al cine. 

El corazón de las tinieblas es un relato (o una novela corta) en la que Marlow, un marino que aguarda en el Támesis, le cuenta a sus compañeros la historia en cuestión. En este relato se descubren sus vivencias cuando acudió a África a capitanear un vapor que debía de remontar el río para llegar a una de las bases de recolección de marfil en la que se encuentra Kurt, un trabajador a cargo de la más exitosa explotación de la compañía, que ha dejado de comunicarse con la empresa. De esta manera podríamos dividir este viaje en tres partes (cuatro en realidad). La primera de ellas nos presenta ligeramente al personaje y su viaje hasta el campamento en África, una travesía que ya nos introduce la mayoría de elementos que luego veremos magnificados. El siguiente tramo estaría centrado en el campamento y cómo funcionan allí las cosas. La tercera parte estaría enfocada en el ascenso a través del río hasta llegar al punto álgido de la historia. Todo esto con la desconocida presencia de Kurt que no para de crecer desde que nuestro narrador oye hablar de él cuando llega a África.

Me costó un poco entrar en esta novela, tampoco fue algo especialmente llamativo, pero las primeras páginas no me ayudaron a comenzar esta lectura con el ímpetu que podía esperar. Sin embargo, una vez superado ese pequeño escollo el texto te atrapa. El estilo de Conrad, que hace un extraño uso de las descripciones, no llega a resultar cansado ni abruma a pesar de que así pudiera parecer en un primer momento, sino que te adentra en esas oscuridades que encierra su relato. Un relato directo, que no por parecer, quizás, falto de critica o poco incisivo, deja de lado su labor, que no es otra que la de mostrar esos horrores que el ser humano ha cometido (y de otras formas sigue cometiendo). Una vez más nos vemos en la obligación de entender que el mundo en el que esto se escribió no era como es el nuestro hoy en día. Y así hay frases, párrafos que le pueden helar a uno el corazón al darse cuenta del tamaño de las aversiones que se narran (que no son, ni de lejos, de las más horribles que he conocido).

En su fondo, el libro es una critica al imperialismo que por aquellos años había llevado a países como Inglaterra o Bélgica a arrasar con lugares como el Congo. Y así, utilizando tan solo un puñado de personajes, el autor es capaz de representar a todos los elementos que participaron en esta atrocidad, desde sus ejecutores hasta el mundo que no quiso verlo. Intentando, como hago siempre, no caer en los spoilers, me gustaría hacer referencia a Kurt, ese hombre perdido en la selva del que sólo sabemos por lo que cuentan. Kurt es, prácticamente, un mito, un hombre cuyas andanzas son tan grandes que con tan solo escuchar hablar de sus méritos, nuestro narrador va dejando crecer dentro de si este afán por él. Con esto sólo quiero invitar a pensar al lector, ¿quién es Kurt en esta historia?

No querría contar mucho más, sólo invitar a quien haya llegado hasta aquí con cierta curiosidad a que se acerque a este El corazón de las tinieblas que tan acertadamente nos dejó Joseph Conrad. Y que lo lea bien por entretenimiento, bien con la intención de profundizar en sus elementos. Y que lo disfrute, a poder ser, sabiendo que la historia que cuenta esta en gran parte basada en un viaje real en la que, sin duda, el propio Conrad vio horrores mayores que los que relata. Hay un elemento sobre el que todo esto planea y al que no he nombrado, no voy a hacerlo ahora, no hace falta, porque todo el tiempo ha estado presente aunque quizás no te hayas dado cuenta.

Nos seguiremos leyendo.

El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad, 1902)

Suicidios ejemplares (Enrique Vila-Matas, 1991)

No me supone una vergüenza excesiva reconocer que hasta hace poco desconocía totalmente a Enrique Vila-Matas. Seguro que en algún momento lo había oido nombrar o se había cruzado en mi camino, pero por el motivo que fuera no lo había introducido en mi “listado de escritores por descubrir”. No fue hasta que empecé a oír su nombre en boca de Toteking que realmente comenzó a aparecer por distintos flancos en mi vida. Esto, sin duda, hizo que el autor llamara mi atención, pero no me decidí a leerlo hasta que leí la obra del citado rapero y, ya conociendo su estilo, me atreví a darle una mayor consideración a sus opiniones en lo que a literatura se refiere. Tenía por ahí un video suyo recomendando algunas lecturas para introducirse en él, y por ahí es por donde decidí comenzar.

Portada de Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas, editado por Debolsillo (Megustaleer, Penguin randon house)

Así es, a grandes rasgos, como llegué a Suicidios ejemplares, un compendio de 12 relatos que giran en torno a un tema tan abierto (y tan cerrado) como es el suicidio. No sabría muy bien hasta que punto quedaría justificado contar nada de estos relatos con la intención de ilustrar, quizás, su contenido o los sucesos que en estos se dan. No creo necesario detallar nada sobre sus personajes, sus circunstancias y mucho menos aun, sobre los motivos por los que este tema tan concreto se convierte en el centro de los distintos textos o en el objetivo (cumplido o sin cumplir) de algunos personajes. Creo por otro lado que no es descabellado avisar de que entre las páginas de este tomo encontramos relaciones entre personas; entre padres e hijos, entre parejas, entre desconocidos y relaciones que se dan con en propio ser. Así, en Suicidios ejemplares, nos encontramos ante un texto repleto de reflexiones y de originalidad.

Tenía, ya antes de comenzar a leer el libro, un buen puñado de esperanzas puestas en el autor, pero había conseguido esquivar las siempre peligrosas expectativas. Expectativas que, por otro lado, creo que Vila-Matas habría superado sin problemas, pues escribe con una prosa que, huyendo de ambages, se introduce en cada una de sus historias con el ritmo adecuado, manteniendo al lector atento a lo que escribe y creando esa necesidad de descubrir el qué ocurrirá incluso cuando ya te ha avisado de lo que se aproxima.

Me ha gustado mucho el sentido del humor que mantiene durante todo el libro, a pesar de lo serio que pueda resultar el tema sobre el que redacta sus textos, y como lo hace más o menos obvio según las necesidades de la trama. Voy a resaltar que, si bien siempre que me encuentro con un libro de relatos como este hay algunos textos que destacan más y otros que brillan con menor intensidad, en este caso me han resultado todos sorprendentemente regulares, manteniendo una afinación común desde el principio hasta el final. Algo que tambien complica el poder decidirme por alguno de ellos o decidir cuál podría ser más meritorio de destacar entre los demás. Porque durante la lectura de más de uno de estos textos la sensación no era tan buena como en el resto, pero conforme avanzaba en su desarrollo, esas carencias se convertían en virtudes y devolvían al texto a ese estatus literario que se encuentra en toda la obra.

Ya que he comenzado hablando de como llegué a este libro gracias a Toteking, me despediré señalando lo gracioso y curioso que me ha resultado poder localizar el origen de algunas ideas o frases que ya había escuchado en sus canciones, entre las páginas de este libro. Una lectura interesante y que, seguro, no será lo último que lea de Enrique Vila-Matas.

Nos seguiremos leyendo.

Suicidios ejemplares (Enrique Vila-Matas, 1991)

Orgullo y prejuicio (Jane Austen, 1813)

Hacía tiempo que no me enfrentaba a una de esas novelas que, con tanto mito a sus espaldas, hacen que me sienta intimidado ante una posible decepción. Esto es algo que ya me ha pasado antes con otros libros. También podría ser que, aún siendo una excelente obra, su contenido no me resultara interesante o el estilo del autor fuese lejano a mis gustos. Tampoco es que esto tenga nada de malo, pero prefiero que los libros me gusten, me interesen y, a poder ser, me conquisten. Existen mil motivos por los que uno de estos clásicos podría no gustarme pero, por suerte, puedo anticipar que la novela de Jane Austen no ha sido uno de estos casos.

Orgullo y prejuicio toma como eje principal a la familia Bennet, compuesta por el matrimonio y sus cinco hijas. Encontrándose ya estas jóvenes en edad de contraer matrimonio, y siendo una familia sin unas rentas que les resuelvan el futuro, es la gran preocupación de su madre poder casar cuanto antes a sus hijas. Estas esperanzas se ven acrecentadas con la llegada de un elegante joven de considerable fortuna al vecindario y, como no podría ser de otra manera, la señora Bennet pondrá todo su empeño en lograr que una de sus hijas se convierta en esposa de este distinguido y afable personaje. Pero el señor Bingley (su nuevo vecino) no solo trae consigo un creciente interés por la mayor de sus hijas, tambien lo acompañan sus hermanas y el señor Darcy, otro joven aun más rico que el anterior aunque con unos modales y un carácter opuestos a los de este. Todos estos elementos sólo conforman el punto de partida de una historia que, a través de los ojos de Lizzy (la segunda de las hermanas y protagonista de nuestra historia), nos mostrará lo complejos que pueden ser los sentimientos y como las cosas son, inevitablemente, distintas a todo cuanto podríamos planear.

Me parece un poco feo dejar al personaje principal de la obra prácticamente excluido de la sinopsis, pero creo que uno de los valores de la novela está en ir conociéndola y descubriendo su carácter.

Desde luego no voy a contar nada que no se haya escrito ya sobre este libro. Por supuesto en primer plano tenemos una historia de amor, bien narrada, con unos personajes que de los que, literalmente, hacen historia. Esta “primera trama” que podría pertenecer a tantas novelas románticas del montón destaca por un cuidado estilo narrativo que me ha hecho disfrutar de una lectura grácil y bien planteada. Pero lo que destaca de Orgullo y prejuicio son sus otros componentes que, apoyados en esta linea argumental, elevan a esta novela a una categoría superior. Su sentido del humor que en ocasiones resulta sutil y fino y por momentos se torna evidente (me encanta el personaje del señor Bennet y lo bien escritos que están sus diálogos), su critica a tantas costumbres de la época, como esos mayorazgos que solo permiten heredar a los hombres, o ese desprecio claramente manifiesto por las normas de conducta que segregan a las clases sociales son solo algunos de estos elementos que consiguen hacer de la obra de Jane Austen un clásico imparable y repleto de cualidades.

Claramente hay muchísimos más recursos en la novela, y todos ellos trabajan en conjunto para lograr que, quieras profundizar lo que quieras, encuentras un texto que difícilmente podrás no disfrutar. Prácticamente cada personaje está ahí por un motivo, representando, de una forma u otra, a algún estrato o alguna característica de la sociedad en la que la joven Lizzy Bennet se ha visto obligada a crecer y en la cual ha conseguido formar un carácter que la distingue de cualquier otro personaje de la literatura. Creo que habría mucho que decir del señor Darcy (y de tantos otros personajes), pero me parece más bonito dejar que, ahora que empiezas a sentir interés, te acerques a descubrir esta historia si aun no la conoces.

Nos seguiremos leyendo.

Orgullo y prejuicio (Jane Austen, 1813)

Peligro inminente (Agatha Christie, 1932)

Mi plan de leer una de las obras de Agatha Christie cada mes sigue adelante, y una vez más he logrado mi objetivo. Al leerlas en (más o menos) su orden de publicación original, es interesante poder observar la forma en que tanto ella como sus personajes evolucionan, así como poder descubrir que nuevos elementos añade a sus novelas. En esta ocasión, vuelvo a incidir en una de las clásicas aventuras de Hércules Poirot.

En Peligro inminente, el afamado detective y su habitual compañero Hastings se encuentran descansando durante sus vacaciones en el tranquilo Hotel Majestic, Saint Loo, cuando conocen la historia de Esa, una joven despreocupada que vive no muy lejos de allí y que, casualmente, ha sufrido una serie de accidentes de los que ha escapado con vida por los pelos. Por supuesto, el gran Hércules Poirot tiene claro que esto no son unos simples accidentes y que alguien intenta acabar con su vida. Desde ese momento será responsabilidad del detective y su compañero proteger a la chica y encontrar a quien intenta asesinarla antes de que lo consiga. Pero las cosas son, en ocasiones, más complicadas de lo que parecen y cualquiera, sobretodo aquellos que pertenecen al circulo más cercano a Esa, es un sospechoso en potencia.

Una vez más Agatha Christie nos trae una de sus novelas detectivescas protagonizada por su más famoso personaje. El imparable detective se ve inmerso en una de sus tradicionales aventuras en las que el tiempo corre en su contra y todo parece ser cada vez más complicado. He de admitir que esta ha sido, de entre las últimas lecturas que he hecho de la autora, una de las que más he disfrutado y me han entretenido. La historia avanza imparable, bien descrita y ejecutada con ese estilo tan cómodo y ágil que caracteriza la prosa de Christie, y se mantiene estupendamente hasta su desenlace. Para mí, es aquí donde la historia decae, pues si bien es cierto que la novelista consigue mantener el ritmo y logra uno de esos finales a los que nos tiene acostumbrados, tambien contiene los peores elementos que la autora acostumbra a introducir en algunos de estos finales.

Con todo, creo que a este tipo de libros es más interesante, en estos casos al menos, juzgarlos por la sensación general que consiguen más que por su desenlace (que estoy seguro a la mayoría de lectores les parecerá estupendo), y en esta sensación Agatha consigue afianzarse en esta novela con mucho más estilo que en historias como Los cuatro grandes o Asesinato en el campo de golf. En definitiva, Peligro inminente es un libro que consigue atrapar al lector desde su inicio y que gustará al publico en general, aunque terminará por decepcionar ligeramente a los lectores más exigentes pues, si bien contiene todo lo bueno de la escritora, tambien se encuentran en él sus tradicionales errores. Pero, ¿no es todo esto parte del encanto de la autora?

Espero que nos veamos una vez más el próximo mes (o antes) con una nueva reseña de otro de los libros de Agatha Chirtie.

Nos seguiremos leyendo.

Peligro inminente (Agatha Christie, 1932)

Señora de rojo sobre fondo gris (Miguel Delibes, 1991)

Mi relación con Delibes no empezó de la mejor forma posible. Por algún motivo que ya no recuerdo lo rechacé durante años, y tardé mucho en leer por fin algo escrito por él. Aquella primera lectura no me gustó especialmente y me tuvo alejado de él durante mucho tiempo, hasta que cayó en mis manos Los santos inocentes y mi percepción de él y su escritura cambiaron notablemente. No es que desde entonces haya leído muchas de sus obras, pero estoy mucho más que dispuesto a probarlo siempre que se presenta una ocasión.

Esa ocasión me llegó cuando, hace poco, me regalaron Señora de rojo sobre fondo gris, una novela muy corta, que se lee prácticamente como una carta que le escribe un padre a su hija. Una misiva en la que rememora el tiempo que pasó junto a su mujer y los días antes de la muerte de esta.

Y ese es a grandes rasgos el argumento de este texto, una carta de amor que Miguel Delibes escribe para su mujer; para recordarla, y casi se diría que para curarse un poco de su pérdida. Porque Señora de rojo sobre fondo gris es una de las más bonitas y tiernas descripciones de una persona que, creo, se pueden leer. En el libro, el autor se atribuye el papel de un pintor que, ante las circunstancias, se ve incapaz de practicar su arte, tal y como le pasó probablemente al propio Delibes. Una pequeña anotación al inicio del texto, escrita por el mismo autor, nos dice que él pensó que pasaría desapercibida la intención y la persona de la que hablaba en la novela, pero la verdad, es que difícil no verlo.

El autor vallisoletano juega en este relato con un formato continuo, no separando ni tan siquiera los diálogos del texto, algo arriesgado, pero que funciona bastante bien por como mantiene el estilo el escritor durante toda la narración. En cuanto a su estilo hay poco que decir, Delibes maneja un léxico amplio con el que cubre de sobra sus necesidades y las de su obra, y lo blande elegantemente, escogiendo las palabras adecuadas para situarte en su contexto y mostrar un nivel de cultura adecuado para su historia sin necesidad de forzar su vocabulario. La narración, más allá de no ser muy extensa, ofrece una lectura agradable que te va, poco a poco, introduciendo en sus personajes hasta que, inevitablemente, sientes una cercanía asombrosa.

Desde luego la forma en que descubrí a este autor pudo no ser la mejor pero, desde aquella experiencia, cada lectura que hago de una de sus obras me ha resultado tremendamente confortable y me han transmitido sensaciones a un nivel que pocos libros han podido. Así que creo que puedo esperar seguir leyendo sus otras obras en el futuro y, con suerte, traeros algo de ellas a este espacio.

Nos seguiremos leyendo.

Señora de rojo sobre fondo gris (Miguel Delibes, 1991)

Fragmentos de honor – Saga Vorkosigan 01 (Lois McMaster Bujold, 1986)

Recuerdo que, cuando era pequeño y en clase nos mandaban leer libros, yo buscaba la forma que fuera para escaquearme. No porque no quisiera leer, sino porque ya estaba leyendo otras cosas y no quería dejarlas para hacerme cargo de las que nos mandaban en clase. Entre otras cosas porque cada vez que intentaba leer una de esas lecturas que nos “recomendaban” me parecían insufribles. Esto era tan así, que llegue a la conclusión de que prefería un suspenso por no haber leído su libro, que perder el cariño que le tenía a la lectura por culpa de unas lecturas obligatorias. Ahora sé que en ocasiones hice bien (las más) y en otros casos me perdí obras interesantes que ahora disfruto por mi cuenta (cosa que en aquel momento no creo que hubiese pasado de igual manera). Hay, sin embargo, una de estas lecturas recomendadas que sí leí, no recuerdo por qué, y que no solo me gustó, es que me abrió un nuevo mundo que aun no conocía. El libro era Crónicas Marcianas (Ray Bradbury, 1950) y el género que me descubrió fue, obviamente, la ciencia ficción. Desde ese momento y sin dejar de lado los otros tipos de literatura que igualmente disfruto, mi interés por este género literario fue en aumento y, descubriendo cosas, llegue hasta libros como este del que hoy quiero hablaros.

Portada de Fragmentos de honor. Saga Vorkosigan 01. Por Lois McMaster Bujold.

Fragmentos de honor es el primer libro editado de la Saga Vorkosigan. En esta aventura la comandante Cordelia Naismithm, a cargo de un grupo de exploración Astronómica en Sergyar, un planeta recientemente descubierto, se ve repentinamente sola en este planeta con el capitán que dirigía las tropas que acaban de atacar su campamento. Este le asegura que todo lo ocurrido es un engaño de sus enemigos para deshacerse de él. Ahora, junto al capitán Vorkosigan, deberá emprender una marcha para lograr salir del planeta con vida, mientras se ve sumergida en una compleja red de engaños, espionaje y guerras interplanetarias al tiempo que descubre al hombre que la acompaña y a sí misma.

Esta novela es una Space Opera clásica, una historia de aventuras con dos personajes principales, pertenecientes a dos bandos opuestos y en la que todo es más complicado de lo que parece a simple vista. Tramas bélicas, conspiraciones políticas y una historia de amor son algunos de los elementos con los que Lois McMaster Bujold construye esta entretenidísima locura que da inicio a la Saga de Vorkosigan (ya he pedido los 14 tomos que me faltan). Una trama muy bien llevada y que consigue utilizar elementos que normalmente se dejan de lado para sacarles el máximo partido. Está claro desde bien pronto que va a haber una historia romántica de algún tipo entre estos personajes, pero eso no quita para que Fragmentos de honor sea mucho más que eso y sirva como una estupenda presentación del mundo que habitan estos personajes, de sus costumbres, sus diferencias y similitudes. Todo esto, elementos que, estoy seguro (y sobre todo espero), serán herramientas bien aprovechadas por la autora en el resto de novelas de la saga.

Una de las cosas que más me han gustado siempre de este tipo de historias es la sensación de facilidad que transmiten al leerse. Es cierto que, en el sentido más estricto, la forma de escribir de McMaster no podría competir con autores de las altas ligas, pero es que tampoco lo necesita ni lo pretende. Ella consigue quedarse en ese punto en que tu imaginación interpreta y construye sin parar nunca y sin llegar a cansarse en ningún momento, y te tiene ahí todo el tiempo, sin dejarte escapar de sus páginas. Me encantan este tipo de autores cuando hay cosas interesantes detrás, y solo espero que el resto de volúmenes de la saga sean, al menos, tan entretenidos y estén tan cargados de talento como este.

Nos seguiremos leyendo.

Fragmentos de honor – Saga Vorkosigan 01 (Lois McMaster Bujold, 1986)

Trópico de Capricornio (Henry Miller, 1939)

Aunque no estoy realmente seguro de ello, creo que hace muchos años comencé a leer este libro. Si esto es cierto, solo puedo suponer que no me gustó nada, pues es complicado que deje un libro a medias. Aun así, en algún momento, no hace tanto, sí que leí alguna otra cosa del mismo autor. Un par de historias que recuerdo me dejaron muy distinto sabor de boca. Con todo, este libro sobre el que hoy escribo, siguió en mi estante esperando una segunda oportunidad. Una oportunidad que por fin le ha llegado. No me acuerdo de cual fue el motivo por el que esta novela me interesó en un primer momento, ni qué fue lo que motivo motivó que no la terminara, pero supongo que aun era demasiado joven para entender lo que hace o intenta hacer Henry Miller en su libro.

Trópico de Capricornio es una novela (más o menos) autobiográfica en la que el autor pretende plasmar sus vivencias e inquietudes en un periodo de su vida. Tomando como eje vehicular la incorporación de Henry Miller (su alter ego en el libro) a la Compañía Telegráfica Cosmodemónica de Nueva York, el autor nos habla de su forma de ver el mundo. Su incansable aprecio por los débiles y necesitados, su forma de vivir, sus relaciones sexuales y como él percibe a todas estas personas. Utilizando estos elementos Miller compone una rocambolesca pintura en la que representa su visión de la América en la que creció, de como ha cambiado la sociedad, del sexo, de como ve al ser humano de sus días y, por encima de todo esto, está él.

La novela, si bien no es realmente autobiográfica, sí toma muchos elementos de la vida del autor y resulta un interesante experimento de escritura. La forma en que plasma las ideas o como divaga entre momentos de su vida para llegar al tema que quiere tratar fueron elementos novedosos tanto por su forma como por su fondo. Resulta sin duda una lectura interesante, aunque a mi modo de ver algo cansada. El autor, eso sí, hace un elegante uso de las palabras, buscando más que representar en el texto su intención, transmitirla y que el lector lo sienta y perciba como él mismo lo hace.

Desde luego, al leer Trópico de Capricornio, hay que ser consciente de que se publicó en 1939, y de que los hechos descritos suceden incluso bastante antes. Si no, corre uno el riesgo de ver al personaje y al autor como una persona aun más racista, machista y egoísta de lo que realmente puede ser. En lo personal discrepo totalmente de sus afanes individualistas y esto, sumado a que mi tendencia lectora va hacía la concreción y el uso exigente de las palabras (entiéndase esto como si puedes usar dos y usas tres, mal), cuando Henry Miller resulta un insistente abanicador que se reitera, han hecho que en pocos momentos haya podido disfrutar de su lectura. Pero no nos engañemos, aun distando mucho de mis gustos, es fácil encontrar un talento increíble bajo esas palabras. En los breves momentos en los que este escritor “se olvida” de lo que busca, o escribe un párrafo que simplemente busca hilar dos momentos y deja a un lado su laborioso intento para hacer una breve descripción, o para situar un echo al que no da importancia, es difícil no ver un estilo y una forma de escribir que pocos escritores dominan. Esto solo pretende reflejar que, aun habiendo sido la lectura que menos he disfrutado en lo que va de año, ha resultado un reto que bien podría decir que la mayoría de lectores deberían de pasar.

Me gustaría, antes de acabar, hacer una pequeña comparativa. El estilo, en lo que a contenido se refiere, me ha resultado muy semejante al que pueda ofrecer Charles Bukowski. Si bien es correcto decir que nada tiene que ver el estilo de uno y de otro, pues para mí, Bukowski consigue decirme bastante más con muchísimas menos palabras. Igualmente justo es decir que Miller es uno de los creadores del estilo de este otro, así que no tendríamos una cosa sin la otra. Creo que ya le he dado un par de oportunidades y no creo que le dé más, pero si te gusta el contenido de Bukowski por encima de su estilo, es un autor que debes de conocer.

Nos seguiremos leyendo.

Trópico de Capricornio (Henry Miller, 1939)

Así me gusta a mi empezar el año (2021)

Hace seis años que escribí la segunda entrada de este blog. Seis años… como pasa el tiempo. En aquella ocasión, al igual que en esta, contaba lo mucho que me gusta empezar un nuevo año. El motivo es sencillo, entre el 6 de enero y mi cumpleaños no pasa demasiado tiempo, y en este periodo aprovecho para atesorarme de lecturas. Es una época maravillosa en ese sentido, y no puedo evitar darme cuenta de que cuando escribí esa entrada hace seis años, me sentí felicísimo con 8 libros que me habían regalado. Y no es para menos, me parece un número estupendo. Pero es que este año me han querido mucho y, tampoco voy a negarlo, yo tambien me he regalado algún que otro libro.

Así que pensando en convertir este tipo de entradas en una tradición anual, os voy a presentar a los nuevos compañeros de viaje que devoraré en cuento tenga ocasión (en realidad, cuando escribo esto, he leído un par y ya estoy con otro).

Dicho esto, los libros que me han regalado en lo poco que llevamos de año son:

  • Marte rojo, de Kim Stanley Robinson.
  • Crimen y castigo, de Fiódor Dostoyevski.
  • El juego de Ender, de Orson Scott Card.
  • Noche salvaje, de Jim Thompson.
  • Un cuchillo en la mirada, de Jim Thompson.
  • Misery, de Stephen King.
  • Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed.
  • Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.
  • El almuerzo desnudo, de William Burroughs.
  • Ordesa, de Manuel Vilas.
  • Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.
  • Las intermitencias de la muerte, de José Saramago.
  • Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
  • Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.
  • La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro.
  • El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
  • American Gods, de Neil Gaiman.
  • La republica o el estado, de Platón.
  • Fragmentos de honor, de Lois McMaster Bujold.
  • Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes.
  • La guerra interminable, de Joe Haldeman.
  • Cita con Rama, Arthur C. Clarke.
  • Cañas y barro, de Vicente Blasco Ibáñez.
  • El guardian entre el centeno, de J. D. Salinger.
  • Sobre la violencia, de Hannah Arendt.
  • Django desencadenado, de Quentin Tarantino y otros.

¡26 librazos! No me había parado a contarlos y me parece impresionante que en tan poco tiempo tantas historias hayan llegado ya a mí.

Muchos de estos autores me son desconocidos, y a gran parte de ellos tenía ganas de leerlos desde hace tiempo. Otros son escritores o libros que han llegado a mí sin saber que es los que tengo entre las manos, y es un juego que me gusta ese de descubrir lo que leo y no lo que voy a leer. Coló me queda cerrar como cerre aquella segunda entrada: «Estoy ansioso por viajar entre sus páginas y contaros algo de ellos».

Nos seguiremos leyendo.

Así me gusta a mi empezar el año (2021)

El fantasma de Canterville y otros relatos (Oscar Wilde, 1887)

Acabé enero regresando a Oscar Wilde. No hace tanto que leí El retrato de Dorian Gray y, teniendo aun en la memoria aquella lectura, resulta un ejercicio interesante regresar al autor en este otro formato, leyendo un compendio de cuatro de sus relatos, tan distintos entre sí como diferentes de la citada novela.

El relato principal, por así definirlo, y del que toma nombre la obra es El fantasma de Canterville. Una narración de fantasmas que, sin ser yo alguien muy experimentado en el tema, creo que tuvo que resultar tremendamente singular en el momento de su publicación. La historia de la familia Otis y el citado fantasma que da nombre al relato comienza cuando estos se mudan Canterville Chase, una antigua finca que, claramente, está embrujada y a la que (y en esto les han insistido mucho) no deberían trasladarse. Aun así, la familia, dirigida por Mr. Hiram B. Otis, ministro norteamericano, no solo se hizo cargo del lugar, sino tambien del fantasma que allí habitaba. A partir de aquí nos encontraremos con un fantasma que trata de cumplir con sus obligaciones a pesar de las insistencias de los nuevos inquilinos de su hogar, incapaces de entender sus circunstancias, insisten en no comprender a la criatura que con ellos convive.

El siguiente relato es El crimen de Lord Arturo Savile, una interesante fábula en la que, durante una fiesta, un quiromántico lee la mano a algunos de los invitados, algo que, incluso tomándolo como una excentricidad, resulta divertido y anima la fiesta. Aun así, no tarda en llegar el turno de Arturo Savile, protagonista de este relato, momento en que se tiñe de blanco la cara del adivino. Así es como Arturo descubre que cometerá un crimen y decide posponer su matrimonio hasta que lo lleve a cabo para que su prometida no se vea de ninguna manera relacionada en algo así. Desde ese momento Arturo pondrá en marcha una carrera contra el destino en busca de la mejor y más adecuada forma de que este se cumpla pero, el destino juega con sus propias cartas y ganarle no es algo tan sencillo.

A este texto lo sucede La esfinge sin secreto, el relato más breve de la colección. La historia de dos amigos que se encuentran después de mucho tiempo y que se adentra un poco más que sus predecesores en el campo del misterio (sin dejar de lado las sutiles notas de humor que hasta ahora, aunque no lo haya dicho, han sido el tono principal de los relatos). Una narración de las dudas y preocupaciones de un hombre enamorado que espera, por la buena consideración que tiene de su amigo, que este resuelva por fin las dudas que lo atormentan sobre la mujer que ama.

Pluma, lápiz y veneno, una curiosa biografía de Thomas Griffiths Wainewright, cierra esta compilación de relatos escritos por el archiconocido Oscar Wilde. Es esta la historia de un hombre con talento. O quizás sea más adecuado hablar de talentos, pues supo adentrarse con cierta notoriedad en los mundos de la crítica, del arte, de la literatura y, por último, en el de los asesinos en serie.

Al igual que prácticamente todas las demás ocasiones en las que me he visto frente a una recopilación de textos hay algunos más vistosos y otros que, a mi ojos, han lucido menos. En este caso supongo que destacaría El fantasma de Canterville que consigue aunar de una forma muy acertada elementos como el humor, la fantasía e incluso va aumentando poco a poco el espíritu romántico de la obra hasta su culmen. Todos estos elementos están igualmente presentas en El crimen de Lord Arturo Savile, pero toman una dimensión más discreta y quizá destaquen menos. Por el lado opuesto es, sin duda, Pluma, lápiz y veneno el relato que menos he disfrutado de los tres. No está mal escrito y en su lectura se pueden encontrar muchas de las virtudes de Wilde, pero aparte de que encuentro en este texto un estilo algo más lejano al propio Wilde, su lectura se me ha hecho algo pesada y su contenido, curioso sin duda, no ha logrado adherirse a mi memoria.

Por todo lo demás me ha gustado encontrar muchas de las cosas que ya vi en El retrato de Dorian Gray en estos formatos más cortos, en los que el autor se desenvuelve con, diría, mayor soltura que en el formato largo, aunque sin llegar en ningún caso a la misma profundidad. Me ha gustado que su humor fuese menos discreto y creo que es una forma muy adecuada de acercarse a Oscar Wilde si aun no se le ha leído. Como último apunte personal, hay un par de momentos en la lectura del primero de estos relatos que me ha hecho acordarme de Ubik de una forma muy curiosa, aun sin tener nada que ver.

Nos seguiremos leyendo.

El fantasma de Canterville y otros relatos (Oscar Wilde, 1887)

El enigmático Mr. Quin (Agatha Christie, 1930)

Tengo la completa intención de, en este año, continuar con la ya tradición de leer una de las obras de Agatha Christie cada mes. Al menos mientras pueda. Lo interesante de esta escritora, más allá de sus más conocidos personajes, es su capacidad para dar forma a muy distintas historias. En ocasiones como esta, incluso alejándose de su formato habitual y, aunque me parece una escritora extremadamente irregular, su característico estilo suele conseguir que cada uno de sus libros se pueda disfrutar, al menos, como algo ligero y entretenido.

El enigmático Mr. Quin es, más que una novela, un compendio de relatos con dos personajes en común: El señor Satterthwaite, protagonista de nuestras historias, y el que da título a la obra, nuestro enigmático Mr. Quin. Los distintos relatos que forman este libro siempre nos presentarán al primero de ellos en lo que podríamos llamar un día cualquiera en su vida. El señor Satterthwaite es un hombre ya de cierta edad, que ha vivido una vida bastante centrada en observar a los demás y ha aprendido a calar con facilidad a las personas. Es un fanático del drama y, siempre que puede, le gusta sumergirse en historias curiosas o pintorescas, que son algo que, por lo general, le parece fascinante. Tambien ha aprendido, desde su primer encuentro con el señor Quin, que siempre que este está cerca, una de estas historias tomará un nuevo rumbo o un nuevo drama tendrá lugar. Es por esto que cada vez que se encuentra con este, su excitación se dispara, sabiendo que alguna de estas historias está en curso.

El libro cuenta con un total de doce relatos que, con sus más y sus menos, logran una entretenida lectura en la que los amigos de el señor Satterthwaite (que son muchos) nos permitirán, igual que a él mismo, sumergirnos en cada una de estas narraciones. Algunas de las historias tienen un plano más realista, mientras que según avanzan las páginas hay algunas pinceladas de fantasía que se van adueñando de la historia. Como siempre que uno se encuentra con una recopilación como esta, hay narraciones más acertadas y otras que resultan menos interesantes, pero en conjunto mantienen un ritmo y un nivel similar.

No se me ocurre nada que no haya dicho ya de esta escritora con anterioridad sobre su forma de escribir, así que como siempre, ofrezco la posibilidad de revisar antiguas entradas centradas en los libros de esta escritora.

No obstante y dicho esto, para mí el libro tiene un problema. Puede que sea por la forma en que vuelve a presentar a sus personajes a lo largo de las historias, o puede que en esta ocasión la pluma de Agatha Christie resulte un poco más cansada de lo habitual, pero no me ha parecido en formato adecuado. Me da la sensación de que son historias que funcionarían mejor de manera individual o si se colocasen, después de algunos de sus libros, a modo de “epilogo” o regalo. Pero su lectura una tras otra pierde algo de fuelle. Así que sí eres lector de esta escritora y estás pensando en leer El enigmático Mr. Quin, te recomendaría que leyeses cada uno de sus relatos de manera independiente, tal vez entre lectura y lectura (como si fuese un limpia paladares), y creo que así se disfrutará un poco más. Y si no da igual, es solo mi opinión y tampoco vale tanto.

Nos seguiremos leyendo.

El enigmático Mr. Quin (Agatha Christie, 1930)