Sistemas críticos, Los diarios de Matabot 1 (Reseña)

Me gusta cuando, aun antes de empezar a leer un libro, ya tengo una historia personal con él. Soy una persona de costumbres y bastante maniática. Así, por ejemplo, llevo toda mi vida consiguiendo mis libros en la misma librería, con las mismas libreras detrás del mostrador, y con las mismas ganas de leer desde pequeño. En repetidas ocasiones he tenido algunas anécdotas con algún libro antes de leerlo y esta es una de esas veces. El libro en cuestión llegó a la librería hace tiempo, lo vi, e hice algo que nunca jamás debe de hacerse: lo juzgué por su portada. Esto me pasó en varias ocasiones, como si el libro me avisase y yo no fuera capaz de entenderle.

Al final, un día llegue a la librería y estaban organizando una devolución de libros, y de nuevo allí estaba, saludándome. Sin embargo esta vez vi algo que, por algún extraño motivo, hasta entonces había pasado desapercibido. En la parte inferior de la portada, bajo el nombre de la autora remarcaban que había ganado los premios Hugo, Nebula y Locus. No soy muy dado a darle valor a un libro por haber ganado un premio, pero ganar estos tres con un libro suele ser una señal de “Alerta, ciencia ficción interesante” como poco. Había decidido, siguiendo un camino incorrecto, que no me interesaba y, siguiendo otro igual de invalido, decidí darle una oportunidad. Su insistencia había dado fruto.

Así es como por fin llegó a mis manos Sistemas críticos (Los diarios de Matabot 1). Una novela corta de ciencia ficción en la que Matabot, una especie de Robocop al cargo de la seguridad de una expedición, ha de proteger a los miembros de ésta de cualquier peligro que pueda acecharles. Lo que ninguno de ellos sabe es que nuestro protagonista ha logrado hackear su sistema y recuperar la conciencia de sí mismo. Todo en un contexto en el que las compañías con tan poderosas como gobiernos y el ser humano se dedica a terraformar y estudiar otros planetas.

La verdad es que contar este tipo de argumentos se me da fatal. Lo que sí os puedo decir es que la novela es la presentación de una saga de cuatro volúmenes. Que Martha Wells escribe de una manera interesante, rauda y ágil, manteniendo en el lector la sensación de estar viviendo un thriller que no para en ningún momento de crecer.

La sensación que he tenido en general ha sido buena, pero nada destacable para alguien que no sea un lector habitual del género. Sin embargo, acabar una lectura tan corta (150 páginas) y que contiene un universo tan grande te deja con ganas de más. Estoy deseando poder continuar con ésta saga de Martha Wells (escritora hasta ahora desconocida para mí), pero iré poco a poco, pues en España solo se han editado, por ahora, dos de los cuatro volúmenes. Novela obligatoria para los lectores de ciencia ficción y una recomendación a tener muy en cuenta para aquellos que no acostumbren a leer este tipo de literatura pero estén dispuestos a adentrase con una novela cómoda pero muy completa.

Sistemas críticos, Los diarios de Matabot 1 (Reseña)

Fin de partida (Reseña)

Hasta hace unos meses apenas había leído teatro. Primero porque considero qué es una actividad a la que uno tiene que acostumbrarse para poder disfrutarla y, al no tener yo por costumbre este tipo de lecturas, me costaba mucho hacerlo. El segundo punto es, simplemente, porque no es un terreno que me interese demasiado. Aun así, forman parte de mi colección de lecturas pendientes obras teatrales como la que he leído hoy.

fin de partida

La verdad es que no tengo mucho que decir al respecto de Fin de partida o su autor, Samuel Beckett, y menos aun sobre su historia como tal. Sí puedo nombrar que, si no es una de esas lecturas que me han maravillado y que el estilo de la obra no se corresponde demasiado con mis gustos, me ha atrapado por completo. Desde prácticamente la primera página hasta su final, no he podido apartarme de sus páginas.

Poco más añadiré. Una obra que en algún momento intentaré ver (de una forma u otra) y cuya lectura recomiendo. Más que nada por su destacado estilo particular y la posibilidad de que alguien descubra un mundo que realmente pueda ser de su interés. Que además se lee en un momento, y esto siempre es un tiempo bien invertido.

Fin de partida (Reseña)

Adiós a la armas (Reseña)

Cuando me dispongo a leer a un autor desconocido, intento hacerlo sin prejuicios ni expectativas. Si voy a leer a un autor que ya conozco, y sé que me gusta, suelo hacerlo con la esperanza de que me guste tanto o más como la anterior lectura que haya realizado del mismo. Pero hay un pequeño grupo, muy pequeño, de escritores a los que afronto con una especie de miedo. Estos, por supuesto, son los mejores, los que más he disfrutado y a los que les tengo un aprecio especial. Los leo con miedo porque algo dentro de mí me indica que, por mucho talento que se tenga, no se puede mantener un nivel tan alto todo el tiempo. Por supuesto, acostumbro a equivocarme y tener la suerte de encontrar, una vez más, una obra que no me deje indiferente. Y me recuerda cuales son los motivos por los que estos escritores pertenecen al citado grupo.

Uno de los nombres que conforman este grupo es el de Ernest Hemingway. Posiblemente uno de los autores que más ha influido en mi forma de entender la literatura y que más me ha aportado a la hora de definir el estilo de escritura que me gusta. Su escritura, concisa y concreta, pero no por ello carente de detalles, es a mi modo de ver, uno de los mayores logros de la literatura.

Adiós a las armas nos traslada a un mundo que el autor conoce tan bien como su vida misma, ya que, utilizando como punto de partida su propia experiencia en la primera guerra mundial, construye una historia que nos pondrá de frente con la guerra, el amor o la muerte. Todo esto condensado en la historia de un voluntario que combate junto a los Italianos y cuyo propósito en la batalla es el de conducir ambulancias.

A través de este personaje podremos encontrar y puede que entender los distintos puntos de vista de los varios y bien definidos compañeros con los que se ve a lo largo de la historia. Una historia que narra, cómo pocas, los horrores, errores, y temores de aquella guerra. Pero tambien nos presenta personajes alejados de todo esto, con los que el escritor se permite depurar más aun a nuestro protagonista, sus necesidades, su evolución y ver de qué manera todo este mundo que lo rodea le afecta. Por supuesto, tambien podremos ver cómo todo esto afecta al mundo que le rodea.

Personalmente creo que es, al igual que tantas otras, una de esas novelas a las que es mejor llegar sin saber demasiado, y conocer el mundo con nuestro protagonista, descubriendo los sucesos y devenires junto a él.

A veces se tiene la suerte de poder leer cosas tan buenas que, de forma automática, se hacen un hueco en ti. Las pocas veces que me ha pasado he notado una lagrimita subiendo a mis ojos, como una confirmación de que esa historia ya nunca me sería ajena.

Nos seguiremos leyendo.

Adiós a la armas (Reseña)

Ojos de agua (Reseña)

Últimamente he estado leyendo, salvo alguna excepción, un tipo de literatura un poco más cargada de contenido o de peso (por así llamarlo) y me apetecía buscar algo más suave para relajar un poco. Así, consultando un poco con lectores cercanos, me fue prestado el último libro que he leído.

Hoy traigo una novela policiaca, de un autor que está funcionando bastante bien con su última obra (pre-confinamiento), y que me era desconocido. El género policiaco es uno de los que más me atraen y de los que más problemas me dan, porque por algún motivo que desconozco, puedo aceptar las premisas de la ciencia ficción o del realismo mágico o de algunas fantasías con mucha más facilidad que las del nombrado género. Es por esto por lo que acostumbro a entrar en estas historias dispuesto a todo y suelo salir un poco decepcionado.

Portada de Ojos de agua, escrito por Domingo Villar

Y así comencé a leer Ojos de agua, la primera parte de la trilogía del inspector Leo Caldas, escrita por Domingo Villar. A través de este inspector de la policía de Vigo intentaremos resolver el despiadado asesinato de un saxofonista de jazz al que han encontrado atado y muerto en su cama.

La novela es bastante corta, apenas pasa las 200 páginas, y su ritmo constante logra que la devores prácticamente de una vez. Si tengo que ser honesto (y sé que me voy a pasar de tiquismiquis) el libro está bien y la historia tiene una construcción solida, pero hay detalles… No sé si me explico. Hay elementos de los personajes que los hacen rozar el cliché constantemente, algunos pormenores que me sacan totalmente del libro (soy consciente de que esto es cosa mía, pero si un apellido me saca de la novela algo hay). Encuentro en el texto herramientas que pueden hacer crecer de manera interesante al personaje, pero en este primer tomo no las han sacado partido. Puede que esto se vea en las otras dos partes de la saga.

En resumen, es un texto ágil que ofrece una lectura cómoda si buscas algo ligero. Estoy seguro de que gustará a los fans de Harry Hole (Jo Nesbø) entre los que no me incluyo.

Nos seguiremos leyendo.

Ojos de agua (Reseña)

El príncipe (Reseña)

Hay libros cuya fama es inabarcable. Y es habitual enfrentarte a ellos con el temor con el que se enfrenta uno a aquellos elementos cuya notoriedad es aplastante, a pesar de que nuestro conocimiento sobre estos puedan ser nulos. Y este desconocimiento es, en muchas ocasiones, nuestra principal fuente de rechazo. Pues no sabiendo en dónde nos vamos a adentrar, nos creamos falsas expectativas que solo pueden servirnos para vernos frustrados al topar con la realidad.

Uno de los elementos de mi persona que más me han aportado de los últimos años es poder, casi siempre, librarme de estas expectativas. Hace ya tiempo que intento llegar a ciertos libros, películas, etcétera, de la manera más desinformada posible. No lo hago con todo, por supuesto, pero si quiero leer libros clásicos intento no prejuzgar. Esto a veces sale bien, y a veces me supone un pequeño fracaso.

Portada de El principe de Nicolás Maquiavelo

Esta introducción, más larga de lo que debería, es poco más que una forma de explicar por qué cuándo comencé a leer el libro que hoy me trae aquí, caí en la trampa del desconocimiento.

Cuando comencé la lectura de El príncipe descubrí un tipo de lectura que no era, ni lo que suelo encontrar, ni lo que esperaba. Porque incluso cuando intento no prejuzgar, mi mente crea la ilusión de que un libro tiene cierto formato. Unos personajes, un argumento… y en cierto modo Nicolás Maquiavelo dota de todos estos elementos a su texto. Pero no de una manera tradicional.

El príncipe es un obsequio que realiza el propio Maquiavelo al magnífico Lorenzo de Médicis, un regalo no exento de cierta intención. En sus páginas se analiza y explica cómo ser un buen príncipe y la forma en que se debe de dirigir un principado.

Los primeros capítulos me resultaron chocantes, pues lejos de enfrentarme a una lectura clásica, como esperaba, me encontré con un manual. Pero si soy sincero, pasada la sorpresa inicial y una vez acostumbrado a su estilo y contenido, no solo pude disfrutarlo y comprenderlo, sino que encontré en su intención algo divertido y ciertamente interesante.

Este texto, para mí extraño y peculiar, me ha parecido una lectura interesante y que se torna entretenida conforme vas descifrando la mente de su autor. Y desde luego no deja de guardar curiosas reflexiones, tanto en el fondo como en la forma. Fue una bonita sorpresa acabarlo y descubrir que me había dejado mucho mejor sabor de boca de lo que esperaba.

Nos seguiremos leyendo.

El príncipe (Reseña)

Pedro Páramo (Reseña)

Hacía tiempo que no me encontraba con uno de esos libros que te persiguen. Que logran que casi parezca que hay una conspiración del destino o del universo para que entren en tu biblioteca. Y sin embargo, de vez en cuando, pasa. Me ocurrió con Wilt (que ya os conté nuestra historia), me paso con Los santos inocentes y me ha pasado con la novela de la que os quiero hablar hoy.

Desde hace semanas Pedro Páramo me persigue. Si leo sobre literatura, aparece, si veo un video de un cantante en internet, lo nombra, si me alejo y regreso al cine, su sombra asoma cómo si me acechara un destino del que no se puede huir. Así, acabe consiguiendo y colando en mi lista de lecturas este libro.

Portada de Pedro Páramo de Juan Rulfo

Me enfrenté a él de la misma manera que lo hice con otros libros que habían llegado a mí de manera similar: con desconocimiento. Me negué a conocer su argumento ni nada sobre él. Simplemente me dispuse a dejarme atrapar por sus páginas. Para bien o para mal esto es algo que hago bastante y, por suerte, las veces que resulta una opción acertada son las más.

Sobre Pedro Páramo os diré lo justo, porque creo que es un texto al que es mejor acercarse sin saber demasiado. Os diré que el punto de partida es el viaje de un hijo que, a la muerte de su madre, decide que ha de ir en busca de su padre al cual no conoció. Poco más os contaré sobre este libro que mezcla magistralmente la realidad, lo onírico, el futuro y el pasado, entre otras cosas.

Sí os hablare de Juan Rulfo, un escritor mexicano al que aun no había leído y del que estoy seguro descubriré más textos (pocos, pues solo tiene otra novela y algunos cuentos). Porque no es que maneje bien las palabras (que lo hace), es que consigue algunas de las lineas mejor definidas que me he encontrado en la literatura. Frases hermosas y llenas de dolor que consiguen ilustrar las distintas situaciones de una forma prácticamente poética.

Desde luego, entre las pocas cosas que sé, está el que la persecución que he sufrido por parte de este título es algo que tendré que agradecer siempre.

Nos seguiremos leyendo.

Pedro Páramo (Reseña)

Invéntate algo (reseña)

Hay algunos autores que me causan una tremenda admiración. Otros me provocan un enorme rechazo de forma automática, son cosas que pasan. Y a parte de estas categorías, hay un par de autores con los que tengo una relación algo peculiar.

Hoy voy a saltarme un par de normas para escribir, quizás, más sobre mi relación con el escritor que sobre el libro. No es mi intención con esto alejarme del propósito de una reseña, pero creo que, si me consigo explicar, puede ayudar a dar contexto y a entender mi visión sobre la obra.

Portada de Inventate algo, de Chuck Palahniuk

Descubrí a Chuck Palahniuk como tantos otros, fascinado por la adaptación cinematográfica que David Fincher había realizado de la novela El Club de la lucha. No sé cuantos años han pasado, pero han sido muchos, y en aquel momento se abrió para mí un mundo de literatura distinta a lo que conocía. No sólo porque me gustara más o menos lo que escribía esta persona, si no porque a raíz de leer sobre su estilo descubrí autenticas joyas por aquel entonces poco conocidas (al menos en España y entre la gente con la que me rodeaba). Desde entonces he leído prácticamente todo lo que ha publicado, y ya hace (más o menos) diez novelas que no dejo de repetirme lo que para mí se ha convertido en un mantra: “Esta es la última oportunidad que le doy“.

Y es que, si lo pienso bien, hace mucho tiempo que cuando leo a Chuck Palahniuk lo que hago es buscar una originalidad que, francamente, hace mucho que no encuentro. Pero no puedo evitar, cada vez que veo un nuevo titulo suyo publicado repetirme la maldita frase.

Lo último que el amigo Chuck a escrito es Invéntate algo, relatos que no te podrás sacar de la cabeza. Y para ser justos, este libro ha cambiado mi forma de pensar en él. Invéntate algo es una colección de 23 relatos que nos dejan conocer a su autor, su estilo y a una serie de personajes a cuál más disparatado. Todo esto a través de unas historías que me han llevado a decidir que esto es lo último que leo de Palahniuk.

En el fondo, se puede entrever el estilo de una persona que tiene cierto manejo de la escritura. Qué ya está más que acostumbrado a enfrentarse al folio en blanco pero, que a falta de buenas ideas (hace el mismo chiste sobre sí mismo hasta tres veces), se repite con un estilo que ya solo puede impresionar a adolescentes para los que esta colección de exageraciones sin fundamento resulte algo novedoso.

Lo peor de todo es que me acabo de dar cuenta de que he mentido. Su segunda novela (considerada posiblemente su mejor trabajo) aun no la he podido leer. Eso, supongo, será lo último suyo que lea, pero desde luego esta ha sido la última oportunidad que le daba.

P. D. No acostumbro a cotillear sobre la vida de la gente, pero puede que venga al caso. Aproximadamente un año antes de la publicación de esta novela se conoció la noticia de un editor o manager (ahora no lo recuerdo bien) que había robado a todos sus clientes mucho dinero. Parece ser que uno de los más perjudicados fue Chuck Palahniuk, autor de mucho éxito en Estados Unidos (y en muchos sitios, no nos engañemos) que se vio, de la noche a la mañana, sin un duro y a punto de perder su casa. ¿Podría esto tener algo que ver con sacar una espantosa colección de relatos?

Nos seguiremos leyendo.

Invéntate algo (reseña)