Tragedia en tres actos (Agatha Christie, 1934) Reseña

El pasado mes de mayo no me fue publicar mi habitual reseña mensual de esta escritora inglesa. Se me acumulan las reseñas y no puedo publicarlas cuando tocaría, así que está es, por fin, la reseña del libro que leí en mayo. Porque no pude publicarla pero sí leer la novela que tocaba, como siempre, siguiendo el orden cronológico de publicación. Así que hoy nos encontramos ante una nueva entrega de mis reseñas a Agatha Christie.

Tragedia en tres actos comienza con una fiesta en casa de Sir Carlos Cartwright, un afamado actor que se ha retirado un poco a un pequeño pueblo. Cuando la reunión está en todo su esplendor, uno de los asistentes muere misteriosamente. Mientras la mayoría de la gente acepta las extrañas causas de la defunción, un pequeño grupo sospecha que puede haber sido asesinado, sospechas que ganan más peso aun cuando otra muerte, muy similar a la primera, sucede poco tiempo después en circunstancias sorprendentemente similares. En ese momento comienza una curiosa investigación por parte de Sir Carlos, su amigo Satterthwaite y la joven Lady Litton Gore, que parece más interesada en Carlos que en el crimen. Por suerte (o por desgracia) se encontraba entre los invitados de la fiesta en que todo esto se inició el afamado detective Hércules Poirot, que seguro que podrá aportar algo de luz a este turbio asunto.

Agatha Christie nos dio un buen puñado de novelas en estos años y, como siempre, logra mantener ese estilo que la hizo tan popular por encima de sus icónicos personajes. Un texto que se lee con la facilidad a la que la autora nos tiene acostumbrados y que nos permite disfrutar de su lectura por más que la escritora británica intente enrevesar los hechos narrados.

Más allá de lo entretenido de su lectura me siento muy dividido con respecto a esta obra. Si bien es de agradecer que Agatha Christie ofrezca una estructura ligeramente diferente, en la que Poirot no tiene todo el protagonismo desde el inicio, y unos personajes que no están mal planteados, Tragedia en tres actos no deja de parecerme un libro totalmente olvidable. Una novela que funciona (incluso mejor que otras del mismo tipo) y permite disfrutar de su lectura, pero que no se ha quedado, para nada, arraigada en mi memoria.

Un libro excelente para desconectar un poco, entretenernos con otra de las clásicas aventuras del celebre detective belga y despreocuparnos mientras intentamos resolver un crimen, a priori, irresoluble. Creo que no tengo mucho más que decir de esta novela que, sin sorpresas, se mantiene en la linea de la escritora.

Nos seguiremos leyendo.

Tragedia en tres actos (Agatha Christie, 1934) Reseña

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes, 1605, 1615) Reseña

Me encanta leer, desde siempre. Hace unos años comencé a reseñar, por curiosidad, y descubrí que me ayudaba a reflexionar un poco más sobre mis lecturas, que me gustaba hacerlo. Por supuesto hay títulos que se reseñan con más facilidad, otros que requieren más trabajo y otros, como este de hoy, que no sé muy bien como afrontarlos. ¿Qué puedo decir, señalar, opinar… sobre la gran obra de la literatura que es esta novela? ¿Hay algo que no se haya escrito ya sobre ella? Pero lo pienso y me doy cuenta de que no es justo, que debería de tratarla como a cualquier lectura que haya caído en mis manos hasta ahora, porque, en el fondo, ¿qué es sino otro libro?

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es, a grandes rasgos, la historia de un hombre culto, educado y bien situado que, de tanto leer sobre caballería y dejarse llevar por estas historias, acabó perdiendo la cabeza y decidiendo que se iba a echar al mundo para recuperar esta gloriosa empresa de los caballeros andantes. Tanto es esto que, armado con antiguas armas que en su casa tenía y fabricándose de mala manera las que no encontraba allí, se fue junto con su caballo Rocinante, un pobre jamelgo, a recorrer mundo y vivir aventuras, siempre, sobre la sólida base de las normas de caballería que sus historias le habían enseñado. Pronto se uniría a él Sancho Panza, siervo de su localidad (de cuyo nombre no quiero acordarme) y desde ese momento fiel escudero, parlanchín como no ha habido otro y refranero por exceso. Juntos perseguirán sus sueños, vivirán aventuras y nos descubrirán una sin par colección de personajes que no podrán pasar por alto la locura del caballero más famoso que haya habido. Todo esto, por supuesto, en nombre del amor de la hermosa Dulcinea del Toboso, señora del afecto de Don Quijote.

Es cierto que se ha escrito de todo sobre esta novela; sus dos partes son, posiblemente, el libro que más se ha estudiado, leído y compartido de la historia, y yo no voy a poder añadir nada que no sea mi propia experiencia como lector. Miguel de Cervantes escribió una novela (dos en realidad, supongo) que podría ser vista desde casi cualquier prisma. Cuando, de pequeños, oíamos hablar de ella, pensábamos en un aburridísimo tocho de aventuras caballerescas que no conocíamos y no nos interesaba. Conforme fui creciendo empece a oír y a descubrir que era una parodia de las aventuras caballerescas de las que se burlaba, y ya una vez leído puedo decir que sí y que no a todo. El Quijote es una novela que aúna prácticamente todos los géneros que pueden aparecer en un texto y los mezcla con una maestría sorprendente. Si bien es indiscutible que la línea principal se dedica socarronamente a la caballería, tanto las distintas aventuras que se narran, como los múltiples personajes que aparecen (entre otras cosas) permiten ir acumulando un sin fin de experiencias distintas.

Todos estos elementos nos permiten conocer el impresionante manejo de su autor para crear y dar vida a personajes diversos. Personajes que nos permiten conocer, desde una posición privilegiada, cómo veía Cervantes a sus coetáneos, de distintas clases, con variada educación y cada uno con un pasado y un comportamiento totalmente propio. Todos estos sujetos que acompañan a nuestro caballero andante no sólo sirven para ilustrar el punto de vista de el autor sobre sus compatriotas, sino que configuran un estupendo puzle que nos ayuda a entender y situarnos en un contexto tan antiguo como fácil de entender por sus palabras.

Por supuesto no podría ponerle ni una pega a una obra de tal calado, pero sí puedo exponer mis sensaciones. La primera, y esto sí es totalmente subjetivo, es que me parece que el humor de El Quijote ha ido perdiendo mucho fuelle con el tiempo. E igual que me cuesta poco decir esto, también confirmo que ha habido pasajes que me han hecho reír como pocos libros han podido hacerlo. En esta misma línea personal destacaría que el estilo de Cervantes dista, al menos en esta obra, mucho de ser para mí. Sus frases largas hasta la saciedad son hermosas y funcionan, pero siempre he sido mucho más cercano a textos que juegan con líneas más breves. Esto es algo que, junto con la letra excesivamente pequeña de mi edición, han hecho que en algunos momentos la lectura se me hiciera un poco cansada.

Me preocupaba un poco lo del castellano antiguo. He leído más obras escritas en él, pero son tantos los comentarios que uno oye que a veces me olvido de que esa sensación de extrañeza sólo dura unas líneas, unas páginas quizá, y una vez superado el libro te introduce en él y, salvo por algunos términos concretos, no lo distingues demasiado del actual.

Con todo esto quiero decir que se sea de donde se sea, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es un libro que todos deberíamos de leer por gusto. Sus dos volúmenes conforman una pieza impresionante que no sólo es uno de los mayores hitos de la literatura, sino que suponen una pieza divertida y entretenida que, aun hoy en día, sabrá adecuarse a los gustos de la gran mayoría de lectores y hacerlos disfrutar de una forma que no se esperan.

Nos seguiremos leyendo.

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes, 1605, 1615) Reseña

Neuromante (William Gibson, 1984) Reseña

En prácticamente cualquier listado de obras que han marcado de alguna manera el género de la ciencia ficción encontraremos obras como Fundación (Isaac Asimov), Un mundo feliz (Aldous Huxley) y otras tantas conocidísimas, o no tan conocidas, obras que todos los que disfrutamos este tipo de literatura deberíamos de leer. Mi última lectura es una de estas novelas. Según cuentan es la que dio forma al subgénero «Cyberpunk» y creó, prácticamente por si sola, el inicio de una de las ramas más extendidas y visuales de la ciencia ficción. Aún con todo esto he sido incapaz de recordar añadir esta lectura a mi lista durante años y, cuando por fin me acordé, fue porque había leído que se iba a publicar una nueva edición con una traducción más adecuada (ya que, al parecer, la traducción más popular dejaba bastante que desear). Con esta información en mi mano, fui a mi librería a reservar un ejemplar de esta nueva edición, para tenerlo tan pronto como saliera; y ahora, por fin, queda tachada de mi lista.

La historia que se narra en Neuromante crece a través de Case, un cibervaquero que perdió su capacidad de conectarse a la red cuando le descubrieron intentando traicionar a sus jefes. Desde entonces vaga por las sórdidas calles de Chiva en busca de cualquier chanchullo que le permita seguir tirando, siempre endeudado con quien no debería y al borde del suicidio. Es en uno de sus peores momentos cuando aparece en su vida Molly, una especie de mercenaria mejorada que, con pocas sutilidades, lo lleva ante Armitage, un ex-soldado que le ofrece la posibilidad de recuperar sus capacidades y volver a ser un cibervaquero a cambio de embarcarse en una misión tan peligrosa como imprudente. Junto a algunos poco recomendables personajes de los bajos fondos, se verá enfrentado a inteligencias artificiales, empresas internacionales, mafias y agencias gubernamentales en una experiencia que superará todos los límites que creía posibles.

Lo primero que llama la atención de la obra de William Gibson es el mundo que ha creado. Una visión futurista de nuestro mundo en la que la gran mayoría de cosas nos suenan, pero casi nada es como lo conocemos. Su forma de expandir la sociedad, el cambio de rumbo que en algún momento tomó la sociedad (del que no se habla pero se siente) y, sobre todo, la forma en la que imaginó lo que hoy en día sería internet. Hay elementos claramente fantásticos, pero tambien hay muchas ideas que podrían llegar en un futuro no tan lejano o incluso algunas de sus ideas se van dando hoy en día. Esto es algo que siempre me ha impresionado de este tipo de ciencia ficción, su capacidad para adelantarse a su tiempo e incluso al nuestro.

Más allá de este escenario, están los personajes que Gibson coloca en él. Case, Molly y un buen listado de singulares figuras, con mayor o menor protagonismo, son presentadas en general, con una serie de características propias y personalidades bien definidas. Algunos de estos caracteres resultan algo excesivos, pero nada que no cuadre bien dentro del universo al que pertenecen.

Pero no solo de contenido vive el lector. El estilo de William Gibson resulta acelerado, introduce al lector en su texto y lo arrastra de un punto al siguiente casi con prisa, sin dar apenas pausas para asimilar muchas de las cuestiones que se presentan durante la lectura. Y esto lo hace bien y no tanto; me explico: Durante la mayor parte de la novela el estilo prácticamente agresivo de su autor funciona bastante bien, sin embargo no puedo dejar de pensar que la gran mayoría de descripciones podían ser mucho más certeras. Hay momentos en los que el cuerpo me pedía un poquito más (y no soy alguien a quien le gusten los autores que se pierden en estas cosas), pero creo que aquí, el autor, muestra una de sus principales debilidades.

Quizá, no estoy del todo seguro, esperaba un poco más de Neuromante, no estoy seguro. Aun así es una novela entretenida, interesante, que se lee rápidamente y me ha despertado suficiente curiosidad para seguir añadiendo más novelas de este autor a mi lista de pendientes (posiblemente las otras dos partes que forman la trilogía de Sprawl). Una lectura que, es cierto, los aficionados a la ciencia ficción debemos de conocer.

Nos seguiremos leyendo.

Neuromante (William Gibson, 1984) Reseña

Ordesa (Manuel Vilas, 2018) Reseña

Este es uno de esos libros que no logro recordar del todo como llegó hasta mí. Sólo sé que en algún momento alguien me hablo de él, o leí algo sobre el mismo, y de poco a poco se fue colando en mi vida. No lo vi en la librería cuando se publicó, pero cuando tiempo después tuve conocimiento de él, enviaron una edición especial en tapa dura y otra en bolsillo a mi librería de siempre. Finalmente fue la edición en bolsillo la que acabó en mis manos y, ahora, en mi estantería.

Ordesa no es una novela al uso. Quizá será más acertado describirla como un compendio de recuerdos, pensamientos y reflexiones que, unidos de la manera en que se presentan, logran formar una historia, o al menos consiguen dar la sensación de que hay una historia que los une a todos. Esta novela se plantea como un viaje al pasado de su autor, un viaje a sus recuerdos y anhelos en los que se ve a si mismo. Durante este recorrido Manuel Vilas nos habla de su padre, de lo que guarda de él. Y de su madre. Nos escribe los pensamientos que le trae el pasado, que encuentra en el presente y que le acechan en el futuro. En realidad me resulta complicado resumir el argumento de este libro, más allá de la simplificación de que trata de su familia; de su padre, su madre, su infancia, los años que no conoció…

Justo después de escribir esto pienso que no es cierto. Que Ordesa trata de la manera en que ve el mundo el propio Manuel Vilas, más allá de lo que quiere hacer ver. Que es una forma de justificarse a si mismo en sus errores y una manera de asumir otros. Y podría ser ambas cosas. Desde luego si tengo que tomar una decisión frente a este libro elegiría que es un enorme homenaje a sus padres, más a su padre que a su madre; un lloro al tiempo que se fue; un echar de menos el pasado durante demasiado tiempo. Y elegiría que es honesto hasta el hartazgo. Y bonita, muy bonita.

Resulta casi apabullante la facilidad que Manuel Vilas desprende para lanzar temas tan íntimos y personales y conseguir que uno se cuele en ellos disfrutando de una lectura profunda, que en ocasiones roza lo denso, y sin embargo se lee sin cansarse. Con un estilo en ocasiones cercano a la poesía y otras veces casi simple. Un texto bonito, casi primitivo en su fundamento sin dejar de resultar moderno por su punto de vista. Tan cercano y personal que el ocasiones he pasado de admirarme por lo que cuenta a verlo, prácticamente, como a un amigo borracho que te cuenta sus penas tan insistentemente que llegas a querer gritarle que se calle. Pero claro, aguantas un poco más, y esa relación, ese sentir lo suyo como propio y recuperar unas vivencias que no has vivido vuelve. Así de cercano, ahora que lo pienso con alguna distancia me ha parecido Ordesa.

Desde luego no es un libro para todos los lectores. Aquellos que busquen una historia con una lógica temporal, una trama, protagonistas más o menos habituales… huyan de aquí, no encontrarán nada de eso entre las páginas de Vilas. Se enfrentan a un hombre que llora sobre el papel, mezclando sus recuerdos en busca de no sabe que, que es algo que tambien se puede disfrutar como lectores.

Tras todo esto el libro se cierra con un “pequeño” epilogo; un cierre poético en el que encontramos en torno a una docena de poemas en los que se pueden encontrar muchos de los temas y reflexiones que el autor plantea durante la obra. No los juzgo, porque podría ser una fase (o no) pero cada día me interesa menos la poesía. Pero están ahí, dandole un cierre más métrico a la obra.

Desde luego, para ser mi primera experiencia con Manuel Vilas no ha sido nada desagradable, y veo más que probable que volvamos a encontrarnos en el futuro. Pero eso será otra historia.

Nos seguiremos leyendo.

Ordesa (Manuel Vilas, 2018) Reseña

Dioses y héroes de la antigua Grecia (Robert Graves, 1960) Reseña

Hasta hace poco no tenía demasiado interés en la historia o en las mitologías. No recuerdo muy bien cuando fue, pero en algún momento de los últimos años despertó en mí una nueva curiosidad por algunas de estas cosas, tampoco nada especialmente destacable, sólo una ligera curiosidad. Y así acabe leyendo libros como Mitos nórdicos o informándome y conociendo más detalles de algunos periodos históricos. Supongo que Odisea fue el libro que despertó en mí algún interés añadido por los dioses griegos, sus historias y su forma de tratar con los humanos. Así que cuando encontré este libro en mi colección de clásicos generó mucho más interés en mí que si lo hubiese encontrado hace unos años.

Dioses y héroes de la antigua Grecia narra (¿cómo podría imaginarlo?) una serie de mitos y leyendas pertenecientes a la historia y la mitología de la Grecia clásica. Para ser concretos el libro contiene veintisiete relatos que tratan, desde la llegada de los principales dioses al Olimpo, hasta el fin del reinado de estos sobre los humanos, por supuesto pasando por las relaciones entre ellos y su gusto por mezclarse con los humanos e interferir en sus asuntos y destinos. Y así, Robert Graves nos traslada y conserva historias como la de Teseo, Jasón y el vellocino de oro o el mito de Perseo.

Todas estas historias contienen un valor histórico y cultural innegable. Graves hace en este libro (y creo que en otros) una labor en pro de conservar estos mitos, estas narraciones clásicas, que se ha de tener en cuenta y que ha acercado al gran público estos relatos tan esenciales en su momento. Esta selección está bien organizada y logra transportarnos a lo largo de su historia, unificando estos relatos y dándoles una continuidad muy interesante.

El lenguaje que se utiliza es sencillo y los textos están planteados de manera que se lean rápidamente, para mi gusto demasiado, llegando a parecerme que son más cercanos a bocetos de historias que quiere narrar que a escritos finales. Hay unos cuantos peros que no puedo ponerle aunque me lo pida el cuerpo, porque bien podrías ser debidos a la traducción más que al autor y no quiero señalar injustamente.

Tras su lectura me siento dividido, porque creo que la edición de Mitos griegos sí podría ofrecer lo que aquí hubiese esperado encontrar y he leído buenas criticas a su Yo, Claudio, pero me aterra encontrarme con algo tan infantil como esta colección que me ha resultado bastante superficial. Diría que este es un libro mucho más interesante para un público joven (muy joven) de lo que yo soy hace ya muchos años.

Como cierre supongo que no me queda mucho que añadir. Dioses y héroes de la antigua Grecia es una interesante entrada a este mundo si desconoces su mitología, pero (creo) resulta demasiado poco profundo para cualquiera que conozca un poco sobre estos dioses o haya leído algunas de las obras de Homero (por poner un ejemplo).

Nos seguiremos leyendo.

Dioses y héroes de la antigua Grecia (Robert Graves, 1960) Reseña

Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez, 1981) Reseña

Descubrí a Gabriel García Márquez leyendo Cien años de soledad. Fue una de esas experiencias que te unen a un libro para siempre, porque podría olvidar todo lo que ocurre en la novela, pero jamás podría deshacerme de la sensación que me produjo al terminarla. Y lo digo en el mejor sentido posible. Más tarde leí El coronel no tiene quien le escriba, no hace tanto de esto, y aunque no se le puede restar valor, no estuvo ni cerca de trasladarme sensaciones similares. Ahora me encuentro con otra de las grandes obras de Gabo, uno de esos títulos que tantos años han permanecido en mi mente y en mi lista de lecturas pendientes.

Crónica de una muerte anunciada narra el asesinato de Santiago Nasar, o más concretamente los momentos previos y causas de este. Una historia que comienza con una boda, la de Bayardo San Román y Angela Vicario, joven que será devuelta a su familia por su falta de castidad. Esta situación obligará a sus hermanos a intentar recuperar la honra de su familia acabando con la vida de su amante. Una noticia que se va extendiendo por todo el pueblo y ante la que nadie, por el motivo que sea, parece actuar adecuadamente para intentar impedirlo.

Lo primero que llama la atención de esta novela corta es la forma en que se plantea, no como una novela al uso, sino que, como su título indica, toma la forma de una crónica que, detalle a detalle, va desmenuzando los hechos y planteándolos desde ópticas tan distantes que llegan a darnos una visión completa y amplia al mismo tiempo que ilustra y nos acerca a cada menudencia. Una forma muy interesante de enfrentarse a esta historia y que, seamos sinceros, en manos de la mayoría de escritores no llegaría a ser más que una aburrida sucesión de hechos narrados sin más interés que el que un articulo periodístico sobre este caso podría tener. Pero en manos de Gabo la historia toma un interés casi pictórico, las descripciones se vuelven visibles con una luz propia y, lejos que quedarse en una simple narración, consigue ese algo que va componiendo la escena con un ritmo casi poético, medido. La verdad es que esto no lo vi durante su lectura, es ahora, al pensar en ello, cuando me viene a la cabeza y veo imágenes claramente detalladas.

Igual de interesante me parece la forma en que separa el texto, dividiéndolo en capítulos, sin título ni numeración, pero que se centran cada uno en un personaje o momento, permitiendo seguir perfectamente una trama con una cantidad tan grande de personajes. Una decisión con la que el autor logra mantener el formato escogido, romper la línea temporal y darle al texto ese je ne sais quoi que atrapa al lector (al menos a mí). Como acabo de decir la historia tiene una cantidad de personajes enorme para la longitud del texto, sin embargo no recuerdo sentirme perdido al leerlo (cosa que suele pasar al leer 100 años de soledad), sino que los sitúa de tal forma a lo largo de la historia que siempre tienes la sensación de que los acaban de presentar.

Del estilo de Gabriel García Márquez poco puedo decir. Siempre me ha parecido que utiliza una pauta sencilla, basada en simplificar la forma para dar más brillo al contenido, es decir, escribir desde la humildad para que sea la historia la que destaque. Esto, por supuesto, dicho de una persona que narra con con una finura y una sensibilidad tan grandes, es un arma poderosísima.

Cerrare esta entrada volviendo a su punto de origen: Crónica de una muerte anunciada no me ha llegado de la misma manera que lo hiciera Cien años de soledad, pero es una novela que he disfrutado y, sobre todo, voy disfrutando más al pensar en ella tras su lectura. Me sorprende la capacidad que tiene Gabo para introducir estos textos en mí y dejar que vayan tomando forma. Por supuesto es una lectura que recomiendo a todos los niveles, tanto por su planteamiento como por su estética. Supongo que volveré a él más pronto que tarde.

Nos seguiremos leyendo.

Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez, 1981) Reseña

El misterio de Listerdale (Agatha Christie, 1934) Reseña

Intento leer cada mes, al menos, un libro de Agatha Christie. Más que nada porque tengo una buena colección y así no se me acumula demasiado su lectura. Este mes parece que va a haber dos reseñas, aunque la anterior debería de pertenecer a marzo, pero bueno, últimamente se me están acumulando mucho las reseñas y no puedo publicarlas cuando debería. Así que vamos a intentar ponernos un poco al día.

El misterio de Listerdale no es una de las clásicas novelas de Agatha Christie. Es una colección de relatos. Un compendio de 10 narraciones que incluyen en su mayoría (o totalidad) esos elementos que caracterizan la obra de la escritora británica. Porque sí, todas estas historias están escritas con un alto porcentaje de ese misterio que era la base en la que se cimentó la obra de Christie. Sin embargo todas estas novelas contienen un elemento añadido (¿ALERTA SPOILER?), todas involucrar un giro o un importante punto romántico. Así, por poner un ejemplo, descubramos la trama de la historia que da nombre a esta colección de relatos:

La señora Saint Vicent y sus hijos estaban acostumbrados a una vida cómoda como miembros de las clases más altas, por desgracia esos tiempos habían pasado y ahora se veían obligados a vivir de la forma más humilde que podían imaginar. Su suerte parece cambiar cuando, en busca de un hogar más accesible, encuentran la casa de sus sueños a un precio que no tiene sentido por lo bajo que es. La casa pertenece a un conocido millonario que recientemente ha desaparecido y el más joven de la familia se convence de que este ha sido asesinado y el cuerpo ha de encontrase en la propia casa. Así comienza una sencilla investigación que llevará a la familia a descubrir que no todo es como habían imaginado.

Siguiendo esta linea se desarrollan el resto de relatos, situaciones habituales de una novela de Agatha Christie solo que, en algún momento, creo que todas ellas contienen un “importante” elemento romántico.

Por supuesto, poco o nada tengo que descubrir sobre el estilo de esta señora. Su característica pluma se mantiene en sus formas habituales, logrando que las historias avancen sin perderse en florituras y sabiendo poner su personal sello a cada relato. Por otro lado no puedo dejar de darle vueltas a ese tema rosa que por el motivo que sea ha decidido añadir a estas historias. En general lo encuentro muy forzado, poco o nada funcional y, lo peor de todo, realmente estridente dentro de unos contextos que ni por asomo pedían algo así.

Si bien es cierto que en general las historias se leen sin complicaciones, esta colección de relatos ha vuelto a producirme la misma sensación de cansancio que ya encontrase en El enigmático Mr. Quin. Y donde en otras ocasiones podría pasarme horas y horas disfrutando los relatos uno tras otro, aquí llego rápidamente a un agotamiento que casi me pide más acabar el libro para pasar a otra cosa que descansar para disfrutar de el siguiente.

No se me ocurre mucho más que añadir. Es obvio que, si bien todos los relatos comparten temáticas, son distintos, y los hay mejores y peores. Pero no se me ocurre ninguno que destacar por encima del resto, al menos ahora mismo. Aun así, y dejando un poco de lado el sopor que me causan estos relatos de la autora inglesa, son una lectura sencilla, que distraerá a quien no busque más que eso y esté dispuesto a aceptar lo que para mí no es del todo permisible.

Nos seguiremos leyendo.

El misterio de Listerdale (Agatha Christie, 1934) Reseña

El jardín de los cerezos (Antón Chéjov, 1904)

Me doy cuenta, casi por accidente, de que en poco tiempo he leído bastante a Antón P. Chéjov. Al menos creo que lo he leído más que a otros autores en el último año. Coincidencias que se dan. Comencé con La gaviota, una obra de teatro a la que, creo, no llegué a escribir reseña. Allá por septiembre del año pasado disfruté de sus Cuentos imprescindibles. Y ahora me he encontrado con este libro. Este libro que es un pequeño engaño, puesto que, si bien la obra que da título al volumen se encuentra en su interior, tambien lo acompañan otros quince cuentos que, según tengo entendido, se encuentran entre sus primeras publicaciones. Un curioso contraste pues El jardín de los cerezos debió de ser una de sus últimas obras.

El jardín de los cerezos es una obra de teatro escrita en un tono cómico, en el que se narra el desconsuelo de una familia que posee el mayor y más hermoso jardín de cerezos de Rusia y que, sin embargo, por circunstancias económicas, se ve obligada a deshacerse de él. Una situación que supondrá un cambio radical para una familia que abandona su alta posición y se enfrenta a un mundo que ha cambiado, en el que comienzan a verse a esos nuevos ricos, y distintos mundos se ven enfrentados y las viejas tradiciones y los nuevos valores se entremezclan sin que nadie pueda cambiar nada.

En cuanto a los cuentos no puedo decir mucho, creo que quince cuentos son demasiados para siquiera nombrarlos, así que mucho menos me veo capaz de comenzar a pensar las distintas sinopsis que los acompañarían. Sin embargo creo que puedo resumir su lectura como irregular. Desde luego muy inferior a los últimos cuentos suyos que leí, pero no por ello carentes de interés. De esta nada escueta selección de relatos hay una buena parte que, aun estando muy bien escritos, me ha resultado indiferentes. Un par que quizás calificaría de insulsos, y unos pocos que destacarían agradablemente en cualquier circunstancia. No ocupan tramas complejas, sino que siguiendo el estilo de la obra a la que acompañan, encierran un humor más o menos efectivo en según qué relato.

Es difícil dar una opinión sobre un tomo que contiene obras tan variadas. En cuanto a la obra de teatro creo que podría resumir mis sensaciones como contradictorias. No puedo decir que disfrutara de su lectura, no me generó prácticamente ninguna sensación hasta después de haberla terminado. A posteriori sí me llegaron pensamientos interesantes: cosas como la curiosa selección de personajes que logran abarcar de manera tan representativa a muchos de los estratos sociales que estaban en pleno cambio en ese momento; el uso de estas clases para general un humor que, francamente, tampoco me ha divertido demasiado (aunque sí se percibía). Lo que quiero decir con esto es que la obra sí tiene un buen fondo y un valor difícilmente discutible, pero que no me ha despertado el interés ni las sensaciones que, creo, debería de haberme transmitido.

En cuanto a los relatos creo que ya he dicho antes prácticamente todo lo que querría decir. Por supuesto cada uno de los cuentos, e indiscutiblemente la obra de teatro, están bien escritos, y permiten ver un estilo que sabe describir muy bien a sus personajes sin necesidad de hacerlo obvio (eso me parece muy valorable). Pero no puedo evitar comparar estos textos con otros que conozco y me parece una selección que, si bien aúna una serie de relatos humorísticos, no representa para nada la calidad que este autor llegó a alcanzar.

Como conclusión, se me ocurre, que este libro podría estar bien para alguien que no conozca sus mejores relatos, como una introducción a Chéjov, pero principalmente para quienes caen rápidamente en un humor, quizás, demasiado discreto.

Nos seguiremos leyendo.

El jardín de los cerezos (Antón Chéjov, 1904)

Un cuchillo en la mirada (Jim Thompson, 1955)

Hoy hace justo un año que volví al blog. A lo mejor acabo esta entrada antes, pero no creo que la publique hasta el 24 de abril. Y digo esto porque guarda relación con el libro del que hoy me dispongo a escribir. Hace un año un libro me llevo a buscar mi propio blog, abandonado cinco años atrás, porque lo que había leído merecía una entrada. Ese libro era Aquí y ahora, de Jim Thompson. Y ha querido el destino (porque juro que no lo he hecho a propósito) que justo un año después tenga a mi lado otra novela de este autor esperando que escriba su reseña. Enfrentarme a Thompson (y a él te enfrentas cuando lo lees) siempre despierta un instinto en mí, una especie de búsqueda del error, porque nadie puede ser tan bueno todo el tiempo. Así que mi cerebro se debate entre las ansias de ver si es capaz de mantener su nivel y el miedo a encontrar por fin esa pieza que no encaja del todo en su biblioteca. Pero vayamos al tema.

Un cuchillo en la mirada en una escabrosa historia en la que William Collins, un ex-boxeador fugado de una institución mental y con graves problemas para controlar su agresividad, se ve convertido en parte de un intrincado crimen: Una misteriosa mujer y un timador de poca monta lo han convertido en una pieza clave en el secuestro de un niño. William no ve con buenos ojos nada de esto, pero no encuentra otra forma de mantenerse junto a Fay (la mujer), algo que él, ahora mismo, considera que necesita. Todo esto no es nada, pues la principal preocupación de nuestro protagonista es no poder evitar sentirse como la cabeza de turco para que ellos salgan indemnes del crimen.

Tengo que admitir que, en el fondo, me da igual cuál sea la trama de las novelas de Thompson, pocas veces es esto lo que me interesa. Porque lo que realmente me importa de él es que es uno de los mejores retratistas literarios que jamás he leído. Su forma de entender y presentarnos a sus personajes es algo que no estoy seguro de haber visto en otro autor. Esa capacidad para hacer que entendamos lo que el personaje quiere decir, más allá de lo que dice, eso es lo que genera en mí esta pasión por Jim Thompson; esa ridículamente perfecta forma de hacernos comprender el pensamiento de sus protagonistas, de introducirnos en ellos a través de su uso magistral de la primera persona.

Decir que me da igual la trama de sus novelas quizás sea un poco exagerado. Puede que fuera más acertado decir que me resulta algo secundario. Esto, por supuesto, no es porque sus novelas no sean interesantes de por si; el desarrollo de sus libros es igualmente destacable. Sus historias siempre encuentran una trama que consigue hilar todos los elementos con los que Thompson trabaja con una elegancia tan sutil o tan tosca que resulta imperceptible. Su ambientación, capaz de oscurecer y extender sus sombrar a través de cualquier escena, unida al ritmo en que se suceden los hechos, componen una novela cautivadora, que crece con un ritmo frenético para llevarnos, casi sin darnos cuenta, desde la presentación de los personajes hasta un desenlace tan oscuro como todo lo que escribe este autor.

Es cierto que puede haber algunos pequeños elementos que no están del todo cerrados, pero no puedo llegar a verlos como algo negativo, porque yo lo percibo así, pero al estar la novela escrita en primera persona, la mayoría (o todos) estos pequeños recodos quedan bien cubiertos por lo que el personaje sabe o desconoce.

En resumen, Un cuchillo en la mirada es otra autentica joya de Jim Thompson que (en principio) gustará a todos los fans de la novela negra, pero que deleitará a todos los lo que, como yo, den más valor a como se escribe o a este tipo de herramientas literarias que tan pocos han sabido explotar con tanta finura.

Nos seguiremos leyendo.

Un cuchillo en la mirada (Jim Thompson, 1955)

La guerra interminable (Joe Haldeman, 1975)

Creo que tardé un poco en descubrir la ciencia ficción, sin embargo, desde el momento en que por fin nos reunimos, se convirtió en uno de mis géneros favoritos. No hace mucho me di cuenta de que últimamente estaba leyendo menos libros centrados en esta temática, y este año me propuse retomarlo con fuerza. Así que a principios de año, cuando suelo preparar mi montón de libros para añadir a la estantería, me hice con una buena cantidad de libros de ciencia ficción (más algunos ejemplares que ya me esperaban y posteriores adquisiciones). Y como creo que ya hace más de un mes que no reseño ninguna de estas novelas me parece un excelente momento para escribir sobre mi primera experiencia con Joe Haldeman.

Portada de La guerra interminable, escrito por Joe Haldeman en 1975.

La guerra interminable nos sitúa directamente en el primer conflicto bélico interplanetario, una guerra contra los taurinos iniciada en 1997, en la que Mandella, nuestro protagonista y narrador, se ha visto introducido de lleno. Desde su adiestramiento hasta la batalla, la novela nos lleva a descubrir un nuevo tipo de guerra, una en la que los combates se dan tan lejos que las velocidades de desplazamiento son superiores a la de la luz, y esto hace que las tropas envejezcan a un ritmo distinto. Tal es así que cuando para estos soldados quizás hayan pasado unos pocos años, para la gente de la tierra pueden haber pasado cientos, incluso miles, con todas las consecuencias que esto conlleva.

Esta me parece una de esas novelas un poco complejas de resumir sin dejarse algo en el tintero. Porque sí, el libro habla de una guerra, pero no es este uno de los mayores conflictos a los que se enfrentan sus protagonistas. El enfrentarse dos culturas diferentes desde el mayor desconocimiento; el regreso a un hogar que ya no es el que conocían; los cambios generacionales hiperampliados por las diferentes velocidades a las que envejecen, son solo unos pocos de los temas que Joe Haldeman enfrenta en su novela. Todo esto narrado con un estilo bastante fluido y que permite, en general, una lectura rápida y poco compleja más allá de los momentos en los que entra a explicar temas espacio-temporales (que tampoco cuesta tanto, pero puede ralentizar un poco la lectura).

A poco que se informe uno sobre el tema o conozca la época en la que se escribió la novela, es sencillo darse cuenta de su evidente semejanza con la guerra de Vietnam, y esto es por algo. La novela sirve al autor como una forma de narrar su experiencia durante ésta y en su regreso a casa. Sin embargo no se queda ahí, utiliza su libro como una plataforma en la que reflejar curiosidades de todo tipo, desde sus ideas antibelicistas hasta planteamientos sobre la discriminación hacia los homosexuales consiguen encajar en una historia muy acertada.

Es posible que la prosa de Haldeman no sea lo mejor del libro, pero La guerra interminable consigue plasmar un buen puñado de ideas entendibles y chocantes (mucho más si pensamos en el momento de su publicación) e introducirlas adecuadamente en una historia que poco a poco va añadiendo temas. En ocasiones lo hace con una sutilidad tal que si te dejas llevar por la trama ni siquiera te darás cuenta. En otros momentos su intención es tan clara, tan descarada, que cuesta ver que no es sólo parte de la historia, son cosas que pasaron y posiblemente sigan asando en muchos casos. Y es ahí donde posiblemente se encuentra en gran mérito de esta obra, en conseguir aunar una critica desde tan cerca en una novela que en ningún momento te pide parar a pensar si lo que ha dicho es una cosa u otra, sólo te pide seguir leyendo.

Desde luego no añadiré este libro como uno de los mejores que he leído este año, pero es una obra con suficiente intención y con un trasfondo tan acertado, que no dudo que en algún momento conoceré las otras dos partes de esta trilogía.

Nos seguiremos leyendo.

La guerra interminable (Joe Haldeman, 1975)